21 abr. 2008

Las 3 primeras vidas de una gata de buena cuna y mala pata, 3 de las 7 vidas en una, son aquí contadas


Me llamo Alma, nací en la calle de Torrecilla del Real, en el centro de Madrid, hija de una canaria (cantante de ópera)y un hellinero (pintor y escultor), a los 8 meses viajé a Venezuela, con 5 años aprendí a leer (mi primera palabra fué "Zapatería") y escribir por mi cuenta, gané el premio nacional de baile con un traje indio que me cosió mi aya y con 6 años, medio criada por ésta hechicera selvática, volví a Madrid, donde estuve confinada en mi casa por mi padre, hasta los 18 años que conseguí salir, por unos asuntos de tierras y herencias castellano-murcianas, y entre tanta confusión me encontré libre.

En ese tiempo, estudié en el primero Palacio y después colegio denominado entonces “Beatriz Galindo” sito en la calle D. Pedro, después a la muerte del maese director, nos llevaron a otro en Bailén, cerca de las Vistillas, al lao del tablo de La Morería, donde dábamos buena cuenta primero de pan con jamón salao o chocolate y luego de más mayores de traguitos de vino cristiano (aguado) en la Plaza de la Cruz, que al vernos jóvenes y sin dinero nos hacían el pase, en aquellos bogegones de vino y vermú de barril, ya cuando íbamos al Instituto San Isidro, en la aquesta Rúa Toledo, pasaron muchas cosas más.
Entre ellas y haciendo mengua resumido: dos compañeros ("Armonía" y Pedro el Rockero) y yo por la curiosida imperiosa de la gata, y los otros dos estudiantes calzilargos, descubrimos unas obras de la parte antigua del edificio, que antes constaba de pasillos ocultos y recovecos, tapiados y sellados en postreros años, donde escondidos de las miradas de los "infieles" subimos por unos túneles y pasillos hasta llegar a un altillo al final de un pasillo, donde descubrimos arrumbrados unos libros viejos de papel color marrón medio podridos y unos cuantos bancales de madera con varias firmas de plumilla incrustadas en ellos, entre las cuales encontré la del mismísimo D. Fco. de Quevedo y borrada a trazo engranguenado la de un tal D. Luis de Góngora, me reí del ladrón, como si fuera mi hermano mayor, ya sé quién ha sido, Un Francisco, Un Señor Cabrón y un Señor Bandido, a la par que otros nombres que agora ya no recuerdo, muertos del susto y la impresión, juramos no volver a contar nada de eso no fueran que no nos creyeran, pues de otras andanzas, ya andában mis dos compañeros advertidos de los finos sentidos del responsable del Señor Claustro, un tipejo, un hombre solemne con perenne cara de perplejo, a mi me tenían en "lista blanca" de alumnos ejemplares de actitudes comportamentales (los deberes los traía en verso y rimados en pareados) por ser dulce, pequeña, risueña y graciosa, por lo que yo no "podría haber hecho tal cosa", ya que con anterioridad tuvimos un incidente con un cañón pequeño, ubicado en el antiguo claustro de profesores, encontramos unos balines, ésto cómo funciona, rotura de cristales en la acera de enfrente, denuncia de viejas, las quejas, la lista negra, desfile de alumnos ante el claustro en el Instituto y 3 muditos calladitos y sentaditos.

Nuestro profesor de literatura, el para mí excelentísimo, D. Luis Cañizal, hombre pequeño y enjuto, de barba cabrito pero bien recortada, un D. Quijote a la Chica, un "El Greco" blanquecino caído de la borrica, se embozaba en una capa, de Seseña cómo no, y nos daba lecciones, asustándonos de vez en cuando con su voz tormentosa, trayendo aparatejos como gramófonos y radios antiguas, llevaba la biblioteca del centro, con su siempre eterno y preferido Arcimboldo, guardándole las espaldas con sabor a tomate, a caramelos de ajo (dispensados en oblongas perlas) que caminaba rápido porque ambas cosas eran buenas para el corazón, al lado del patio con su pozo de agua sellado y su cubo, que los extranjeros, con su cara de boniato, venían a visitar, a mi me sacaban fotos por tener cara de muy española, y nos poníamos a bailar un pseudo flamenco inventao para sacarnos unas perras haciendo el ganso.
Éstas lides las cuento con añoranza, puesto que después de que el padre, artista y gentilhombre de la familia consiguiera su herencia, nos abandonó dejándonos a mi hermana, a mi madre y a mi en la promesa de una próxima vuelta de unas gestiones notariales por Murcia, necesarias para unos trámites funerarios.

Viendo yo que el "gazapo" no aparecía, mas que asomando la nariz por el fono para que no nos moviéramos de allí, y estuviera todo en orden, con la cobardía de los que cometen sus fechorías de tristes y bajas maneras, sospeché, y conseguí desaparecer a los ojos de mi madre, que se encontraba en un estado de letanía mental de la eterna espera, para actuar y buscar fuera la comida que no encontraba dentro.

Así me puse a trabajar primero limpiando una escalera de Corrala, y tan mal me salió el invento, que el vecindario me recomendó otros menesteres, pues caí en gracia, al ser yo firme y buena persona, a unos trabajos que regentaba un hijo de la rica a las afueras de Madrid, esperé el transporte común, y allí me presenté, con la recomendación de la vieja, y con ganas de saber del otro mundo real, que tan vedado me estuvo, y que sólo conocía por mi ventana.Conseguí el empleo, y tan buena disposición tuve que en cuatro meses me ascendieron, y tan poco conocía yo del mundo, que desgracias me creé por ser tan buena en lo mío, me echaban las mozas jóvenes el humo a la cara, me desplantaban en el comedor, pero al no haber tenido contacto humano, a mí se me daba igual y no me lo tomaba a mal, creando para mí odio y rechazo del populacho, que estimo rondarían en más de 400 personas de una fábrica farmacéutica, hete aquí que me adoptó una viejita elegante y seca como una pasa, resultó ser la primera que vi cuando llegué y me ayudó a encontrar el despacho del director, me echó un lazo y me trató como a una hija.

Me contó que había sido modistilla de una peletería en la Gran Vía, que tenían que esconderse en la guerra cuando oían las sirenas, y dónde estaban metidos los sacos con los que los hombres hacían las barricadas para proteger las tiendas y portales, me enseñó los raídos raíles del tranvía que hubo en Madrid y más cosas.Todo esto me lo contaba por las tardes, mientras me regalaba al final de la visita del café mezclada con achicoria y la rosquilla casera, un cuartillo de azúcar que yo recibía de muy buen gusto, a veces iba conmigo a la calle de la Ruda, donde estaba la tienda a la que solía ir, pues ya había mucha morería por aquellos tiempos, y la venta de curry y especias para aliñar las comidas, el negocio prosperó de nuevo, esa tienda tenía un gigantesco libro de visitas donde había firmado el Rey y otros insignes visitantes (la tienda mediría 2 metros de largo y uno y medio de ancho).
Otros negocios que rezongaban por el barrio aquél eran los de los Antiquarios de los gitanos, el de la Lechería, con sus 2 mesas blancas con letras en el revés (RIP), la dueña: una mujer blanca como el producto que vende(mmm la leche del día), flaca de manos huesudas, voz rotiquebrada aguda y ojos azules; también el portal oscuro donde una señora zurcía carreras en las medias (que entonces todavían quedaban), donde dicen que la Reina había dejado encargos allí, los bares de caracoles en salsa, la lotera (2 billetes para hoooooyyyyy), la tienda de licores donde vendían zarzaparrilla (igual que la cocacola pero sin gas), el quiosco de chuches y regaliz, la tienda donde hacían velas artesanales y personajes varios del Madrid de antaño que ahora ya no existen o desaparecieron en el aire, porque cuando vuelvo ya no están, en una esquina huele un "aire", por allí quedaba un azulejo del bar "La Cueva" al lado de la plaza mayor, un lugar oscuro y alargado, creo que es el único bar que quedaba donde había estado Luis Candelas al que echaron por pegar a un profesor que se metió con su honor ( http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Candelas) que también estudió en mi Instituto (Los Reales Estudios de San Isidro fueron un centro de enseñanza fundado oficialmente por Felipe IV en Madrid, España, en 1625 e inaugurados en 1629, como continuación de los Colegios vinculados a los jesuitas que, a finales del siglo XVI, habían obtenido el favor y apoyo de la Corte española. Se encontraban en la actual Calle Toledo, donde todavía hay un centro de enseñanza que de forma ininterrumpida ha mantenido viva la llama del saber, el Instituto San Isidro), junto a Quevedo, Pío Baroja, El Rey etc... y otros personajes singulares, pues era el más antiguo y de hombres, lo hiceron mixto el año anterior a entrar yo, así que nos miraban a las chicas como bichos raros, también vi las Notas de examen originales de los hermanos Machado, y personajes varios, una maleta de cartón con los libros prohibidos del franquismo comprados en Francia o Buenos Aires (traídos por otro buen profesor de literatura, del cual no recuerdo el nombre) y cosas similares que acontecieron en cuatro años de estudios.

Yo viví en la plaza Cascorro, la de aquél soldado español tan conocido, y los años ochenta los había visto desfilar por la ventana, con sus crestas, sus chupas de los Ramones, los 6 negros metidos en un seiscientos y aquél claxon tan conocido que sonaba a vaca: MUUUUU, se oía todos los domingos en el Rastro. Aún recuerdo el primer negro que llegó al barrio; Era tan negro que parecía azul, y tan alto que era imposible no mirarlo, además por lo extraño que nos resultaba ver a alguien tan diferente, lo acogimos enseguida, con ese carácter tan madrileño, de mezclar como ensalada lo venido de fuera, como una ciudad con puerto, esperando siempre la llegada del mar.Digo lo acogimos, porque aunque yo vivía encerrada en lo más alto de “Embajadores 4”, estaba al día de todo lo que pasaba fuera de mi puerta por Carmen, la quiosquera sevillana, gitana vieja, que ríete tú de salsa rosa.

Ésa fue la que me dijo que para “airear una casa nueva” tenías que ir con el romero en la mano y sacudirlo por las esquinas, diciendo; “romero santo, romero güeno, que salga lo malo que entre lo güeno”, como poesía no vale ná, pero desde entonces siempre tengo un poquito de romero, lavanda de romano o laurel por casa, que compraba de las sacas del herbolario de la esquina, al lado de la taberna del Tío Vinagre.

Cuando terminaba su interminable jornada en su quiosco, a medio metro de la puerta de mi casa, se subía a la casa a cogerse la silla y los prismáticos, no fuera que se perdiera algo de lo que aconteciere en su ausencia, y no poder contarlo al día siguiente, creo que yo que tendría algún otro negocio de compraventa informativa.


De pronto, y tras años de ausencia conocí la historia de mi abuelo materno, capitán de barco, malagueño , republicano, con cuatro medallas al valor, enseñó a leer a pescadores y patronos, por eso le ayudaron a escapar como polizón a canarias, donde conoció a la hembra más bella, dura y fiera del lugar, mi tremenda abuela Mélida y la del otro abuelo, el paterno, nacional contable en Murcia, casado con mi abuela Paca, más burra que un arao, pero más lista que un zorro, que fue la que le dio en herencia conyugal su patrimonio (ella era la rica) a través de un matrimonio de conveniencia que les amargó hasta el fin de sus días.


Ahí conocí por primera vez la historia de las dos españas, en primera persona.Ahí empecé con 18 años a conocer una parte de la verdad sobre mi familia, mi vida y todo lo que yo creía entonces se empezó a resquebrajar, empezando a tener serias dudas sobre muchas de las cosas que me habían sido contadas.

5 comentarios :

  1. Esta entrada fué publicada en noviembre del año pasado, la reedito con el viejo sistema del Copy-Paste, para los que no me conocieran entonces se pasen un entretenido rato.

    De ahí que El Buscón lo conocí, con otros nombres y otras caras de jugadas pasadas. En todas esas casas y vidas raras me metí y de todas conseguí salir.

    Decían en el Egipto antiguo, que los gatos tenían 7 vidas, y despúes de la última se tornaban en humanos, que fueron domesticados por los primeros labriegos del oriente entre dos aguas (Líbano, Irak, Irán...) alli donde la vida dicen que empezó, que a la hora de guardar grano en los silos, aparacieron los ratones, por ahí andaron los gatos al acecho de esa comida menuda, y desde entonces parece que se han ido favoreciendo mutuamente, pero con independencia.

    Yo iré por la 5ª o la 6ª vida, así que me falta poco para humanizarme y dejar de estar asilvestrada, ni siquiera sé si será mejor o no esa nueva vida tan mal pagada.
    En todo caso, siempre estará la opción de ser humana gatuna.

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  2. absorbente tu biografía... las vidas de las gatas son siempre absorbentes.

    un beso.

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  3. Amiga, esto es para contarlo mas despacio, por entregas, como las novelas del XIX...

    Aqui tienes "jugo" para muchisimo...

    Yo creo que tienes que ir mas lenta, con mas profundidad, porque esta historia se lo merece.

    La verdad es que vamos escribiendo en el blog y yo a veces pienso, las cosas que escribi hace meses ¿las leera alguien?

    Es algo que me inquieta.

    Vamos haciendo un "cajon de sastre" en el que cabe todo, pero el que todo parece ser muy efimero.

    No se, me parece que me estoy liando un poco.

    Un abrazo, amiga, y te animo a que no vayas a esos pasos tan rapidos, que no des esas zancadas tan grandes....

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  4. Almatina, agradezco muchísimo que hayas vuelto a publicar la historia de esa vida tan intensa y yo que te decía que podías escribir una novela... y resulta que ya habías escrito sobre ello.

    Ahora como te dicen puedes ir dandonos dicha historia en pedacitos.

    Entiendo la publicación previa de Quevedo y es que chica podías haberte llamado Queveda... por la forma y por el fondo. Me ha encnatado esa peculiar manera de mostrarnos los retazos de tu vida.

    Por cierto mil gracias por tus comentarios tan especiales también en la forma y en el fondo.

    Un beso

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  5. Estoy impresionada Queveda mia con la historia tuya. Que bien la cuentas! Te escribire un email para decirte como llego a tu tierra!

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