Blog sobre cosas que pasan en la vida cuando eres un gato. Soy la gata Flora que aflora y somos tantas en una sola, que ni lloran
24 abr 2008
Auguste Rodin (aquarelle, crayon de couleur, papier beige)
23 abr 2008
Reloj infinito

21 abr 2008
DE ANIMALITOS PEQUEÑOS
Las 3 primeras vidas de una gata de buena cuna y mala pata, 3 de las 7 vidas en una, son aquí contadas

Me llamo Alma, nací en la calle de Torrecilla del Real, en el centro de Madrid, hija de una canaria (cantante de ópera)y un hellinero (pintor y escultor), a los 8 meses viajé a Venezuela, con 5 años aprendí a leer (mi primera palabra fué "Zapatería") y escribir por mi cuenta, gané el premio nacional de baile con un traje indio que me cosió mi aya y con 6 años, medio criada por ésta hechicera selvática, volví a Madrid, donde estuve confinada en mi casa por mi padre, hasta los 18 años que conseguí salir, por unos asuntos de tierras y herencias castellano-murcianas, y entre tanta confusión me encontré libre.En ese tiempo, estudié en el primero Palacio y después colegio denominado entonces “Beatriz Galindo” sito en la calle D. Pedro, después a la muerte del maese director, nos llevaron a otro en Bailén, cerca de las Vistillas, al lao del tablo de La Morería, donde dábamos buena cuenta primero de pan con jamón salao o chocolate y luego de más mayores de traguitos de vino cristiano (aguado) en la Plaza de la Cruz, que al vernos jóvenes y sin dinero nos hacían el pase, en aquellos bogegones de vino y vermú de barril, ya cuando íbamos al Instituto San Isidro, en la aquesta Rúa Toledo, pasaron muchas cosas más.
Nuestro profesor de literatura, el para mí excelentísimo, D. Luis Cañizal, hombre pequeño y enjuto, de barba cabrito pero bien recortada, un D. Quijote a la Chica, un "El Greco" blanquecino caído de la borrica, se embozaba en una capa, de Seseña cómo no, y nos daba lecciones, asustándonos de vez en cuando con su voz tormentosa, trayendo aparatejos como gramófonos y radios antiguas, llevaba la biblioteca del centro, con su siempre eterno y preferido Arcimboldo, guardándole las espaldas con sabor a tomate, a caramelos de ajo (dispensados en oblongas perlas) que caminaba rápido porque ambas cosas eran buenas para el corazón, al lado del patio con su pozo de agua sellado y su cubo, que los extranjeros, con su cara de boniato, venían a visitar, a mi me sacaban fotos por tener cara de muy española, y nos poníamos a bailar un pseudo flamenco inventao para sacarnos unas perras haciendo el ganso.
Viendo yo que el "gazapo" no aparecía, mas que asomando la nariz por el fono para que no nos moviéramos de allí, y estuviera todo en orden, con la cobardía de los que cometen sus fechorías de tristes y bajas maneras, sospeché, y conseguí desaparecer a los ojos de mi madre, que se encontraba en un estado de letanía mental de la eterna espera, para actuar y buscar fuera la comida que no encontraba dentro.
Así me puse a trabajar primero limpiando una escalera de Corrala, y tan mal me salió el invento, que el vecindario me recomendó otros menesteres, pues caí en gracia, al ser yo firme y buena persona, a unos trabajos que regentaba un hijo de la rica a las afueras de Madrid, esperé el transporte común, y allí me presenté, con la recomendación de la vieja, y con ganas de saber del otro mundo real, que tan vedado me estuvo, y que sólo conocía por mi ventana.Conseguí el empleo, y tan buena disposición tuve que en cuatro meses me ascendieron, y tan poco conocía yo del mundo, que desgracias me creé por ser tan buena en lo mío, me echaban las mozas jóvenes el humo a la cara, me desplantaban en el comedor, pero al no haber tenido contacto humano, a mí se me daba igual y no me lo tomaba a mal, creando para mí odio y rechazo del populacho, que estimo rondarían en más de 400 personas de una fábrica farmacéutica, hete aquí que me adoptó una viejita elegante y seca como una pasa, resultó ser la primera que vi cuando llegué y me ayudó a encontrar el despacho del director, me echó un lazo y me trató como a una hija.
Me contó que había sido modistilla de una peletería en la Gran Vía, que tenían que esconderse en la guerra cuando oían las sirenas, y dónde estaban metidos los sacos con los que los hombres hacían las barricadas para proteger las tiendas y portales, me enseñó los raídos raíles del tranvía que hubo en Madrid y más cosas.Todo esto me lo contaba por las tardes, mientras me regalaba al final de la visita del café mezclada con achicoria y la rosquilla casera, un cuartillo de azúcar que yo recibía de muy buen gusto, a veces iba conmigo a la calle de la Ruda, donde estaba la tienda a la que solía ir, pues ya había mucha morería por aquellos tiempos, y la venta de curry y especias para aliñar las comidas, el negocio prosperó de nuevo, esa tienda tenía un gigantesco libro de visitas donde había firmado el Rey y otros insignes visitantes (la tienda mediría 2 metros de largo y uno y medio de ancho).
Yo viví en la plaza Cascorro, la de aquél soldado español tan conocido, y los años ochenta los había visto desfilar por la ventana, con sus crestas, sus chupas de los Ramones, los 6 negros metidos en un seiscientos y aquél claxon tan conocido que sonaba a vaca: MUUUUU, se oía todos los domingos en el Rastro. Aún recuerdo el primer negro que llegó al barrio; Era tan negro que parecía azul, y tan alto que era imposible no mirarlo, además por lo extraño que nos resultaba ver a alguien tan diferente, lo acogimos enseguida, con ese carácter tan madrileño, de mezclar como ensalada lo venido de fuera, como una ciudad con puerto, esperando siempre la llegada del mar.Digo lo acogimos, porque aunque yo vivía encerrada en lo más alto de “Embajadores 4”, estaba al día de todo lo que pasaba fuera de mi puerta por Carmen, la quiosquera sevillana, gitana vieja, que ríete tú de salsa rosa.
Ésa fue la que me dijo que para “airear una casa nueva” tenías que ir con el romero en la mano y sacudirlo por las esquinas, diciendo; “romero santo, romero güeno, que salga lo malo que entre lo güeno”, como poesía no vale ná, pero desde entonces siempre tengo un poquito de romero, lavanda de romano o laurel por casa, que compraba de las sacas del herbolario de la esquina, al lado de la taberna del Tío Vinagre.
Cuando terminaba su interminable jornada en su quiosco, a medio metro de la puerta de mi casa, se subía a la casa a cogerse la silla y los prismáticos, no fuera que se perdiera algo de lo que aconteciere en su ausencia, y no poder contarlo al día siguiente, creo que yo que tendría algún otro negocio de compraventa informativa.
De pronto, y tras años de ausencia conocí la historia de mi abuelo materno, capitán de barco, malagueño , republicano, con cuatro medallas al valor, enseñó a leer a pescadores y patronos, por eso le ayudaron a escapar como polizón a canarias, donde conoció a la hembra más bella, dura y fiera del lugar, mi tremenda abuela Mélida y la del otro abuelo, el paterno, nacional contable en Murcia, casado con mi abuela Paca, más burra que un arao, pero más lista que un zorro, que fue la que le dio en herencia conyugal su patrimonio (ella era la rica) a través de un matrimonio de conveniencia que les amargó hasta el fin de sus días.
Ahí conocí por primera vez la historia de las dos españas, en primera persona.Ahí empecé con 18 años a conocer una parte de la verdad sobre mi familia, mi vida y todo lo que yo creía entonces se empezó a resquebrajar, empezando a tener serias dudas sobre muchas de las cosas que me habían sido contadas.
16 abr 2008
"Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños "


Cuando Quevedo contaba apenas veintitrés años de edad, dieciocho poemas suyos figuraban en la famosa antología de Pedro Espinosa, Flores de poetas ilustres, a estos mismos años, remontan también sus primeros contactos con Lope, y sobre todo el comienzo de su enfrentamiento con Góngora, que durara hasta la muerte del gran cordobés.
Tales pensamientos condicionan su elección de un futuro del todo diferente al lado de sus padres: el camino por emprender será el virtuoso, y el primer paso para avanzar a lo largo de esta senda lo constituirá la escuela:Yo quería aprender virtud resueltamente, e ir conmis buenos pensamientos hacia delante. Y así, que me pusiesen a la escuela, pues sin leer ni escribir no se podía hacer nada.Para terminar os ago una dedicatoria que el propio autor nos lego en su extraordinaria obra: AL LECTOR"
14 abr 2008
Tamarindus Indica







Hay palabras que sin saber por qué se te quedan grabadas en la memoria.
"Tamarindus Indica"
"Cuidados.- El tamarindo es ideal para plantar en primera línea de la costa, allí donde otras muchas especies no sobrevivirían al fuerte viento salino. No parece importarle la naturaleza del suelo, medra bien aunque este sea pobre, y una vez establecido tolera ciertos grados de sequedad."
La primera vez que reconocí la palabra Tamarindo fue en un libro, que ahora no logro recordar, tendría 13 o 14 años, creo que hasta entonces era una palabra cualquiera, aunque me sonaba con eco, con un leve escalofrío ácido en el paladar.
Cuando probé el tamarindo en una tienda latina años después entonces lo recordé todo.
El árbol., el patio (al que bajaba por una cuerda desde la casa de mi abuela), la prohibición de juntarme con los mestizos, los indios, la criada, todas las tardes bajaba la cuerda escondida a la omnipresente y española hora de la siesta, y siempre había un sitio para mí, las canciones, la guitarra (el cuatro, en un todo similar al llanero colombiano. Es más pequeño que un tiple; de cuatro cuerdas) los raspaitos de tamarindo, mi vieja, seca y querida aya vecina, la selva, las historias de la selva, las 7 tribus del mundo con sus 7 religiones primarias, la de la tribu de los caribes altos y rubios, la picadura de tarántula, las hierbas curativas, el lenguaje indio de mi aya, su nombre secreto, la hechicera, las nanas, creo que recuerdo la letra de una de ellas, una morena y bailarina, otra rubia y fría, la pianola, los muebles coloniales, la enredaderas, la luna llena, la papaya, el maracuyá, el olor a selva después de la lluvia, los sapos gigantes, los zancudos (o mosquitos gigantes alados) ser inmune al dengue, las tardes de peinarme mi aya con un peine de hueso mi larga y negra cabellera…
La llegada a Madrid, el frío, el olor a churros los domingos por la mañana, las monjas, el rosario, las galletas maría de la bisabuela...
“Memoria emocional:
La memoria guarda con más facilidad datos relacionados con alguna carga afectiva.
Éstas a veces pueden desencadenarse ante acontecimientos positivos, negativos, olores o sabores (éstos sentidos al haber sido menos evolucionados en la formación del cerebro primigenio, quedan a veces adheridos a recuerdos que ni recordábamos hasta que no olemos o gustamos la misma esencia que nos afectó tanto antaño).”
Bla,bla, bla ...
El mar, el pescado fresco, el coco con su agujero trepanado, las hamacas en las palmeras de la playa…os enseñaré fotos de la tierra de mi infancia.
Origen del cuatro:
“Los antecedentes de todos los instrumentos nativos de cuerda de la América Latina hispana pueden trazarse a la España del siglo XVI y XVII, la cual, de acuerdo con Cervantes, abundaba de instrumentos tañidos de cuerdas de todos tamaños y configuraciones. También sabemos que muchos de los mismos llegaron a la América en grandes cantidades. Esto fue debido a que los reyes católicos de España encomendaron solemnemente a los colonos a que llevasen instrumentos de cuerda al "Nuevo Mundo" para observar y dispersar la fe mediante la música y que muchos marineros llevaron pequeños instrumentos de cuerda consigo durante las largas travesías marítimas como pasatiempo.”
http://www.mateway.com.ar/cuerdasdeamerica/elcuatro.htm
3 abr 2008
Bonjour dessert
Seamos un poco frívolos:
... olvídad la Semana Santa,
y por una vez los pestiños, las torrijas, los buñuelos...
y dad una vuelta por la cocina de estos maestros del chocolate ucraniano, con nombre francés,
como no podía ser de otra manera, claro.
A nadie le amarga un dulce, sobretodo si está hecho con cariño cocido y removido a fuego lento.






