12 sept. 2008

Anecdotarios, breviarios, cajón desatre y jarabes para la tos.

Durante los días de la fiebre del oro de California, los hombres sentían nostalgia de la familia.

Una noche llegó una compañía de ópera, y en la ciudad todo el mundo se aprestaba a lucir sus mejores vestidos.

Era ocasión de gran fiesta y el auditorio se disponía a disfrutar de ella hasta el máximo.

Por fin los músicos después de afinar los instrumentos, se dispusieron a tocar la obertura.

En ese preciso momento rompió a llorar un niño en alguna parte del local, la madre, confusa y azorada, se apresuró a levantarse para salir, cuando un viejo minero a sus espaldas gritó: - ¡Qué paren de tocar los músicos y nos dejen oír a esta criatura! Hace dos años que no he oído llorar a un niño.- Los otros hombres que asistían a la función aplaudieron con entusiasmo, y los músicos dejaron de tocar mientras el niño lloraba a sus anchas.

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That's All Folks!


4 comentarios :

  1. Amiga, que bellisima y tan humana historia...

    ¿Como se le puede ocurrir a alguien contar este tipo de cosas...?

    Quedo, de verdad, perplejo, ante la forma en que miras las cosas.

    Un abrazo amiga

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  2. Ésta historia es cierta,
    100% real.
    Gracias amigos
    la vida late en todas las esquinas del mundo.

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  3. Las mejores historias nunca son reales, pero se ve que ésta es la excepción.

    Un abrazo.

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