24 ago 2007








Y despúes de la lluvia

la melancolía

se destierra

con la eterna herejía

de la sequía en la tierra.

Se acabó la guerra.

Se fué el arrozal

me llegó la selva espesa

caliente y mordiente

de la temporada estival,

como en un patatal

donde me pongo la mesa.

Es el ébano

de la promesa.

El culto ardiente

de la vida pendiente,

de los que no viven de las remesas,

ni de las baldas baldías,

sino del que te toca

en la hora tardía

y te despierta

de la melancolía.

Oliendo a la vida fresca

de la repesca.

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