10 sept 2017

Recordando a Valhalla

Freyja



En primer lugar cuenta la historia
que Valhalla o Valhöll, salón de los muertos
no es donde luchaban sin piedad entre ellos
recordando sus hazañas

Gobernado por el dios Odin
en la ciudad de Asgard
era el lugar donde las Valquirias
llevaban a los mas heroicos
seleccionados por el dios.

Sus espíritus eran llamados
para formar parte de su ejercito
en el el fin del mundo
o destino de los dioses
donde quedaría destruido 
todo el Universo

Los muros estaban construidos con lanzas
disponía de 540 puertas
el techo estaba cubierto
por escudos de oro
y los bancos estaban
dispuestos con armaduras
listas para usar

Antes de los diarios banquetes de jabalíes
salían al patio de armas a luchar y entrenarse
a luchar a muerte recordando sus días de gloria
una vez resonaba el cuerno la batalla finalizaba
los heridos milagrosamente sanaban
y volvían al banquete a cenar abundantemente otra vez

El resto de los guerreros no elegidos
circulaban sin sombra
entre el hogar de la niebla
en el campo de los héroes caídos
los repudiados, iban directos a la diosa Freyja


"¿Qué clase de sueño es este, dijo Óðinn,

en el que justo antes del alba,
pensé que despejaba el Valhǫll,
para la llegada de los muertos?

Desperté a los einherjar,
ordené a las valquirias levantarse,
colocar los bancos,
y buscar los vasos
traer vino,
como para la llegada de un rey,
aquí me esperan,
los héroes que vienen del mundo,
algunos muy grandes,
     por lo que mi corazón se alegra."

Reina Gunhild, una vez fallecido
y entregado a su esposo a Valhalla

Gunhild




9 sept 2017

Essaouira



Tal día como hoy
tomé esta foto hace cuatro años

una acuarela perfecta
aguas y murallas
fortificadas
color rosado
contrastando con las playas eternas
donde caballos
y camellos canarios
como mi familia materna,
descansaban después de un día
de blandos y gordos turistas

Todas las mañanas
a primera hora
escapaba a la ciudadela

Me hice amiga de un taxista
y de un viejo que regentaba una
pequeña tienda de barrio
que vendía de todo

Todos se fueron al hotel mas lujoso
Preferí meterme en una casa popular
a las afueras de la ciudad

Cuando me fui les compré una pelota
la mas grande, cara y colorida
del bazar del viejo
a los niños casi descalzos
por las calles de tierra
me siguieron corriendo
hasta que el taxi
se marchó
y sus pequeñas piernecitas
no llegaron más lejos

Fue bonito y muy tierno
esas sonrisas abiertas
de boquitas sucias
plagadas de dientes

Mis compañeros de viaje
ruidosos
hablaban muy alto
Decidí no coincidir
mucho con ellos

Así que me hice pasar por "francesa"
como no conozco muy bien al francés
hablaba cuatro palabras que sabía:
"oui" "mesie" "madame" "a cafe o le si vou ple"

Pues llegué muy lejos
y mi silencio les pareció prudencia
lo que me vino muy bien

Los comerciantes vendían
en el viejo zoco
a los "turistas"
ignorando a los "viajeros"
que éramos malos los clientes 

Me gustó la idea
de viajar pasando desapercibida
así que compré ropa de allí
para las que volvían de Europa
a ver a sus familiares
me hicieron tatuajes
de henna negra
que era mas local,
la esposa de nuestro guía
universal:
valía para un roto
y un descosío

Pero no tardé mucho
para variar
en hacer presencia
Así que aburrida
de saco tan plano y duro
saqué mi vestido blanco
y mi pamela de oro

Tenía a todos despistados
porque no podían definir
muy bien de donde era:
estaba con blancos
y con moros
y con ambos hacia los coros
mis facciones no ayudaban
mas bien despistaban
soy exótica universal

Unos creían que era de allí
además muy convencidos
y ofendidos que fuera tan europea
otros francesa, italiana o española
siempre me reía para no desvelar
mis orígenes ni nacionalidad
Sólo pedía la cuenta
cada día en un idioma

Una vez
un señor árabe gordo y rico
de gafas negras
y belfos agradecidos,
que me llevaba observando unos días,
me invitó a su mesa, junto con otros
indudables empresarios hosteleros de la zona

Por supuesto me negué ofendida
y caí simpática a los camareros
que el tal sujeto debía caerles gordo

desde el día siguiente
el viejo jefe de sala del bar
me contaba en ingles
las cosas que habían pasado la jornada anterior
y quien era quien
el único que sabia que era española
y discretamente lo ocultaba
le pareció una decisión
afortunada

Nunca tuve mas sensación
de Corto Maltés que entonces
También me adoptó un gato
de la cafetería del puerto

Todas las mañanas
mientras se iba yendo la neblina de la noche
yo me pedía un  "cafe au lait sans sucre"
mientras ese gato callejero se sentaba
en la silla de al lado a darse su
baño relamido
jamas tuve tan bueno y fiel amigo

Al levantarme me acompañaba
y si no conocía
entre esta calleja o esquina
sin duda alguna me quiaba

Mi sabio naranja
mi gato de calleja



"Essaouira es una acuarela de colores perfecta, de horizonte azul que contrasta con las fortificaciones de color ocre rosado y con sus casas blancas de marcos"

Desayuno con diamantes


Desayuno con diamantes

"—¿Conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo? 

—¿Color rojo? Querrá decir negro.

—No, se puede tener un día negro porque una engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué."

8 sept 2017

Aunque el cielo se nos caiga sobre la cabeza - Sara


SARA

Sara estaba terminando de asearse. Al salir del baño, se había envuelto en una amplia toalla naranja, dejando solo al descubierto las piernas y los hombros. Cogió un spray del estante y roció sus cabellos oscuros con un fluido y perfumado serum. El peine de hueso separó la sedosa capa en largas estrías semejantes a surcos oscuros y rojizos, apagó la radio y encendió la lamparita que estaba unida al espejo, acercándose para cerciorarse de ponerse bien el aceite de coco que cubría ahora su piel, apagándola después.

Se quitó la toalla y se acercó andando pausadamente a su dormitorio. En el espejo, se podía ver a quien se parecía: a la morena que representaba el papel de Joanna Hanley en la serie "Burden of Truth". Tenia la cabeza redonda, las orejas pequeñas, la nariz recta y la tez dorada. Sonreía a menudo con la sonrisa de una niña pequeña, lo que, por fuerza, había acabado por hacerle una interna sonrisa en los ojos, aunque estuviera seria. Era menuda y muy simpática. El nombre de Sara le venia bastante bien. Hablaba con dulzura y alegremente al mismo tiempo. Casi siempre estaba de buen humor, el resto del tiempo, se dedicaba a concentrarse en sus quehaceres diarios, que le exigían bastante concentración para no morir de hastío, en una estudiada rutina impostada.

Dejó vaciarse la bañera quitando el tapón, donde ramas enteras de tomillo se habían infusionado en ella, dejando una rejilla para que no se atorara y se esparciera por los lados. Colocó la alfombrilla del baño en el borde de la  bañera y se puso a canturrear.
Deslizó los pies en unas sandalias de piel, y se vistió un sencillo pero cómodo atuendo de estar en casa para acoger a los amigos de corazón. Puso la toalla a secar en el tendedero azul, y salió de la terraza dirigiéndose a la cocina, a fin de inspeccionar los últimos preparativos para la cena.

Gloria, que vivía muy cerca, iba a ir a cenar, como hacia todos los viernes por la noche.
No era mas que jueves, pero Sara tenía ganas de verla y de hacerle saborear el menú que se había ido preparando a lo largo de toda la semana con la serena alegría, de los que disfrutan sorprendiendo a las gentes que aprecian. 
Gloria, soltera a elección como ella, tenia también la misma edad, era flacucha  pero con las piernas finas,  huesudas y muy largas, mas negra que el betún, aunque nació en otra ciudad cercana, su padre era de Ghana, y ella tenía la misma sonrisa y amplia que él. Una sonrisa sincera, blanca y radiante que iba de oreja a oreja.
Gloria no se parecía prácticamente en nada a Sara, aunque tenía gustos afines pero menos capacidad económica.

Sara poseía una fortuna suficiente para vivir bien toda su vida sin trabajar para nadie. Pero por circunstancias familiares, vivía en una austeridad elegida, para que al revés que ellos, pudiera vivir con la mayor normalidad posible, pasando desapercibida y ser relativamente feliz sin todas las imposturas de las podridas y viejas sagas familiares.

En cambio Gloria, tenia que ir todos los meses al banco de alimentos, preparar constantemente documentación para demostrar que era ridículamente pobre, para sobrevivir con una mísera pensión, y demostrar que aunque tuviera una carrera de magisterio en educación especial, no le daba para vivir al nivel mínimo que se demandaba con sus cuatro horas la semana como profesora auxiliar en un elitista colegio privado de la ciudad, donde la mayoría de jefes y empleados,  enchufados por relaciones familiares con politicuchos de medio pelo, expedían títulos de dudoso origen, como el que regala una muñeca chochona en la tómbola. Resultaba difícil dar órdenes a personas mejor vestidas, y mejor comidas que una, aunque supiera de la profesión mas que aquella panda de holgazanas.

Sara la ayudaba en cuanto podía, invitándola a comer o cenar siempre que venia a mano, pero el orgullo de Gloria la obligaba a actuar con tacto, no demostrando con favores demasiado frecuentes que la estaba ayudando, y aun mas si cabe, sin que percibiera que pudiera estar en una ventaja económica superior, sin que se resintiera su amistad, ni mostrara unas cartas que elegía ignorar.

Esa semana contrató una antigua y jubilada cocinera, Tomasa, para ayudar a ambas, y de paso disfrutar de su compañía y aprender cosas nuevas. Tomasa se permitía disfrutar por fin, de lo que hasta su jubilación fue su peor pesadilla. Ahora lo hace por placer, pero confesó en alguna ocasión que "aun tiembla" al recordar aquellas jornadas de trabajo extenuante e interminable.

En aquellos tiempos, se llegaron a servir mas de 1.500 servicios al día en fiestas, y el pequeño restaurante del pueblo, no contaba ni con el menaje ni con la cubertería suficiente, como abastecer tanta demanda, trayendo los perolos del sanatorio y las casas de los vecinos, lo que generaba un volumen con tal complicada labor de intendencia, que ni  propias de un coronel de régimen militar. Las comidas del día que no se podían congelar, se preparaban la víspera y noche anterior (en vela) para que no se echaran a perder, y las carnes, pescados y pollos los compraban semanas antes de los pueblos de alrededor, congelándolos en todos los frigoríficos domésticos e industriales que encontraban. Por lo que no era raro la irrupción de idas y venidas en casa de las Manuelas, entre plato y plato.

Si era dura la tarea de cocinar para mas de mil y pico personas, no lo era menos el fregado que les esperaba a continuación, donde tanto los voluntarios como Tomasa, una vez finalizado y recogido el servicio, se ponían el bañador y se sumergían en la piscina en el exterior del restaurante para fregar. Cincuenta litros de jabón casero, convertían la piscina en un enorme fregadero, mientras otro equipo armado con mangueras aclaraba y dejaba secar los cacharros al sol - "Eran tiempos en los que no habían comodidades como los cubiertos de plástico".

Sara dejaba hacer a esas manos expertas y llenas de arrugas que se movían ligeras como el viento. Tomasa le explicó el menú, con el tono cansado y obvio de la gallina explicando a un pollito la evidencia del por qué tienen plumas y son amarillos. También el proceso de cómo había ido macerando algunos ingredientes que solícitamente Sara buscaba y compraba bajo su estricta supervisión. - "De acuerdo, creo que a Gloria le gustará, bueno, voy a ocuparme de terminar de poner la mesa"-. 

A Sara le gustaba decorar las mesas con objetos de temporada, hacer sencillas pero alegres composiciones: manojos de hojas recogidas en otoño y una gran rama seca en el centro donde ponía velas, ramitas trenzadas de pino y cáscara de naranja secada en la chimenea con anís en invierno, sencillos y cortos ramilletes de hinojo con florecillas de campo en primavera, o conchas recogidas de la playa, arena y piedras en verano. Parece una tontería, pero crear expectativas en las cosas sencillas, hacia que tanto la espera como la bienvenida, fueran deseadas por amigos y vecinos, especialmente Gloria, donde el ingenio para las sorpresas mutuas, eran sus mejores armas de amistad y creatividad.

En esta ocasión Sara atravesó el pasillo en sentido contrario de la cocina, para inspeccionar por sorpresa su trabajo ya hecho, y ver la sensación que causaba si alguien lo miraba por primera vez.

La estancia de tres por cuatro metros, daba a la espalda de la calle principal, a través de una terraza antigua. Un espejo y varios cuadros, daban paso a dichas ventanas ligeramente abiertas, dejando entrar a través de las cortinas los aromas del inicio del otoño cuando este al anochecer subía el azogue del día y desde el suelo, embriagaba por el exterior.

El mobiliario de la sala emprendía el resultado de largos viajes, entre los que no se incluía ningún merchandising comprado por cualquier turista, ni máscaras, ni "recuerdos de", pero que sin embargo desprendían un olor continental a viejo barco de mercancías de las indias occidentales.
En el viejo aparador de la abuela, los portaplatos, mecedora, baúles y gramófono, estaban exactamente en la ubicación original de una casa de esa época, con la suerte del que parece que en el aire todavía se podía percibir algún viejo rincón, donde si algún fantasma de 1920 se hubiera mantenido con vida, se hubiera sentido como en casa a pesar de todo.

Sara escogió un mantel color turquesa muy oscuro que tenia hace muchos años, a juego con la alfombra, ajustando el centro de mesa otoñal, constituido por la estructura del esqueleto de un ave, una pieza salvaje, que fue herida por un rayo en una de esas tormentas a finales de agosto, de donde brotaban ramas de poda de otoño como brezo y árboles de hoja caduca, mezcladas con ramas de lavanda y salvia florecidas en verano, y aún guardaban cierto olor intenso, además del color de rosales trepadores, cuyas ramas secas y enfermas, que una vez podadas y bien elegidas, hacían una perfecta alegoría de la vida y la muerte, el si y el no, el ser y el estar, el ying y el yang, el 0 o el 1, y como todo símbolo de otoño, la preparación y recolección de frutos ricos, para jugar a esconderse y acurrucarse en el invierno.

Puso los platos, vasos de cristal, servilletas de tela, y demás aparejos para comer entre gentes civilizadas. Apenas había dado fin a la disposición de estos preparativos, cuando el timbre repicó con alegría anunciando la llegada de Gloria, Tomasa gritando desde la cocina se dispuso a gritar aún mas, por si nadie la había oído la primera vez: - "Esto esta listo y huele que alimentaaa. Voy yo. Voy yoo!!" - asegurándose que bajo ningún concepto nadie le pudiera quitar la sombra ni mérito alguno del delicioso conjunto de olores que se desprendían y salían a bocanadas de la cocina.









6 sept 2017

Nandha y Sukham

Muchas cosas le enseñó
su boca encarnada y diestra

La gente iba deprisa
en cuestiones de amor
tendiendo a precipitarse
ciegamente al placer
como a un vacío sin fondo

Descubrieron entre ambos
que no se puede recibir placer
sin devolverlo

que cada gesto
cada contacto
cada mirada
y cada parte del cuerpo,
por pequeña que sea,
tenía su propio misterio
y cuyo desciframiento
produce felicidad al que lo descubre

Se enseñaron igualmente
que tras cada ritual
los amantes no debieran separarse
sin antes haberse admirado mutuamente
sin sentirse al mismo tiempo
vencedores ni vencidos
de tal manera que no surgiera en ambos
vergüenza ni abandono
ni la desagradable impresión
de haber sido abusado
o víctima de un engaño

Horas maravillosas pasaron
con sus hermosos e inocentes
descubrimientos

Surgieron hábiles
ingenios y juegos
convirtiéndose a la vez
en discípulos y maestros
amantes o amigos

Allí y en ese momento
se hallaban al refugio del tiempo

Allí se hallaba
el sentido y el valor
de aquella etapa
de sus vidas






5 sept 2017

Rafael

- "Tengo órdenes de llevarte al colegio".- el chófer utilizo "tú"; que entonces era una descortesía máxime cuando se aplicaba a una niña blanca, aunque ni soliera estar precisamente con las de mi color ni baja esa capa de barro fuera precisamente tan blanca como el papel, acabando de ser pillada escabulliéndose tras los aguacateros. Le expliqué su error con la mayor soltura y precisión que pude, sin éxito, no sin antes acordar un paseíllo antes de llegar.

Se paseó durante media hora arriba y abajo. Así que traté por todos los medios distraerle y alargar la situación.

"No existe una ciudad en todo el país mas hermosa que ésta - con la excepción de la capital, la mas bella- tanto si se la contempla desde el puerto, como desde lo alto del cerro Santa Ana, que domina las cúpulas doradas de la serreta y los hermosos árboles de la ciudad. Los viejos colonos la adornaron con edificios fantásticos y con instituciones benéficas...", conocedora de lo religioso de su alma y  su orgullo patrio nativo, esperaba ablandarle.

- "Una bonita ciudad, Si Señor..." Rafael como natural de allí, le agradó el elogio, mientras me empezaba a contar muchas otras cosas asombrosas, de las que un guía local no hubiera mencionado mas que alguna pequeña batalla. Al principio era fascinante, pero pronto descubrí mi error, estaba empezando echar de menos la aflautada y alegre voz de la Profesora, que al menos se molestaba en ignorarme con educación pasado un rato.

- "Creo que ya estoy preparada para ir".
Era un edificio grande y antiguo, formado bloque tras bloque por edificios blancos de poca altura, rejas forjadas negras y vigas de madera uniendo las techadas. La obra era alargada y tenía un grandioso y austero patio ajardinado, quizá fuera antes algún viejo convento.

- "¿Que clase de gente habrá construido esto?"- pregunté de repente antes de salir a la puerta.

- "Jóvenes o viejos... demonios todos, Pero a decir verdad, aunque traigo y recojo a muchas muchachas de la casa al colegio, como del colegio a la casa, que por motivos desconocidos pierden el autobús y están delicadas o indispuestas. Nunca he visto otra que tenga tanta madera de perfecta demonia como tú, la pequeña que ahora se resiste a bajar de mi coche"

Cuando estaba a punto de reaccionar para intentar responder a la insolencia del conductor, mientras terminaba de limpiar lo que me quedaba en las rodillas y los polvorientos pies y me estiraba el horrible e incómodo uniforme, reparé en una figura sobre la larga extensión del muro. Me puse los zapatos de un tirón y salí corriendo; olvidándome del cochero, espere que no fuera demasiado tarde para la hora del almuerzo, así poder evitar la severa reprimenda y cómo no la primera de ellas, el motivo del por qué me había quitado los zapatos desobedeciendo las normas de la escuela de señoritas. Cosa que hice hasta muy entrada la pubertad en cuanto podía, por cierto.