Blog sobre cosas que pasan en la vida cuando eres un gato. Soy la gata Flora que aflora y somos tantas en una sola, que ni lloran
26 nov 2015
SOPA DE POLLO
Lo sentimos señor
es Ud la maleta del sr. Martinez
no se como ha ocurrido
el SR. Martinez ha muerto
en un accidente
de nuestra compañia
puede ser libre,
le depositamos
el cheking en el lugar
que figura en el etiqueta?
Gracias Sr.
que tenga un buen viajeee!!
4 nov 2015
Madres ausentes
Hay madres como auroras
Madres puras
Madres universales
Madres que dejan vacíos
Como grandes fueron sus almas
Madres con brazos tan cálidos
Que derretirían los mismos hielos
Desde el confín más helado del inframundo
Madres
En tal caso
Que son
En sí mismas
El abrazo
De las entrañas de la tierra
Desde el mismísimo principio
de todos los tiempos.
Madres puras
Madres universales
Madres que dejan vacíos
Como grandes fueron sus almas
Madres con brazos tan cálidos
Que derretirían los mismos hielos
Desde el confín más helado del inframundo
Madres
En tal caso
Que son
En sí mismas
El abrazo
De las entrañas de la tierra
Desde el mismísimo principio
de todos los tiempos.
31 oct 2015
Día de las Ánimas
En estos días,
Los muertos
solitarios
sobrecogidos por el ruido
de las pisadas
excavan túneles interiores
Para ponerse al día
Y quedarse guapos,
unos esperan felices
otros, expectantes
y otros saben bien que nadie les queda
o les busca
Los muertos han hecho una cena de huesos
para tener mas calcio y lucir mas bonitos
han hecho una colecta para una corona
y han nombrado a un niño que murió joven
para que sea el rey de las fiestas
y muertos por los que no pregunta nadie
están fuera del recinto, tirados en las cunetas
y chillan y gritan pero saben que están ocultos
así que todos los años, juegan a las cartas
para sentirse menos solos
Estos muertos los van sacando, de vez en cuando,
y mueven las colitas al volver a casa
como un perro cuando recupera a sus amos perdidos
Que no hay muertos de primera ni de segunda
que todos los muertos, los justos o los injustos,
descansen igual
"A
las ánimas benditas
no
les temas hacer bien
porque
puede que mañana
seas ánima
también" rezo popular del sureste
11 dic 2013
CANTANDO BAJO LA VENTANA
Una noche, hace mucho, pasaron bajo mi ventana un hombre y una mujer.
Fue en mitad de la noche. Iban cantando cierta canción, no se cual, pero me pareció haberla oído antes, quizá solo una vez en mi vida, algún único momento de felicidad absoluta en mitad de la nada.
Solos en el mundo. Cantaban con voz suave, dedicada. No canturreaban a gritos insolentes, como hacían los borrachos de las tascas todos los fines de semana. Se escuchaban cantar.
Solamente dos personas que se amaban, que estaban todavía en lo vivo de un amor naciente, solos, a esa hora, ese día y en ese momento en que la humanidad abrumada por el olvido se recupera del sueño, solo ellos tenían esa oportunidad de dedicarse cantar.
En medio del silencio, rasgando la tela oscura de sueños, el filo donde termina un día y empieza el otro, aun sin haber muerto ni nacido cada uno del todo, en esa mitad de la nada, se elevaba esa canción. Una flor rompiendo con sus pétalos la noche de piedra. Cantar contra la muerte, pensé.
Toda mi carne se puso a gritar deseando ser ellos, y cuando la pareja se hubo alejado tras largo rato, seguí sin poder dormirme, tarareando en mi mente esa sencilla melodía, llenando de vino mi copa vacía por esos instantes de sutil belleza.
Ayer noche recupere ese ligero silbido, esa sensación eterna, durante un instante.
... y sin embargo, se mueve.
Eso fue hace tanto, que parece un sueño. Ahora tengo mi propia ventana para cantar esa canción eterna, ahora tengo mi propia melodía, mi propio pedazo de eternidad
MADRE
Miré a través de la ventana
abierta, el follaje de los robles crecía alrededor de ese antiguo y siniestro
edificio. Estaba en la segunda planta. Era un antiguo palacete reconvertido en
hospital, por cualquier otra obra de caridad fideicomisaria.
“Ahora esta en cielo. Debería
estar contenta. Además, no hay
nada mas que hacer”.
Al momento siguiente salí al
pasillo, entrecortada. Me encontré a la superiora, “¿Quiere usted dar esas
flores a la Virgen?” miro el ramo yaciente entre mis manos, como el que asalta
una exuberante diligencia antes de morir, y de repente ofendida, dije que no.
La monja me miro. Tendría unos setenta años o mas, estaba reseca, como pellejo,
por su continua actividad como organizadora de ese lugar con fuerte olor a
soledad y lejía, tendría un vientre negro y seco, oscuro, como cueva
abandonada. “¿Quiere usted comulgar?”, “No. Estoy sin bautizar”, dije
secamente. Entonces me miro de nuevo, como si me viera por primera vez, su
rostro se volvió horrible y perverso, era el rostro de la maldad. El diablo,
pensé. “Esta no quiere comulgar y se queja de que ha muerto. Bah” dijo en alto
para un publico invisible. Acostumbrada a dar ordenes, esclavos, supuse. Salio
airada, digna, dando un portazo. La llamaban “madre”, y sin embargo ya entonces,
a esa joven edad, pensé que era el nombre menos apropiado para ella. Fue la
primera vez que mire la maldad a los ojos.
Aquel día, mi vida cambió en su
ser mas intimo, descubrió la estafa, cambió de orientación. “La Verdad” sin
embargo era “Mentira”, me encontraba inocentemente sorprendida, lo que se
suponía correcto, o inmoral, sin embargo era mas bien al revés. Lo supe con esa
certeza intima, tan dentro de mi que abrasaba mis entrañas.
Sabía que era mala, amarga de
hiel, socorrida a excusas manidas, injusta bajo un falso e imperante orden
artificial ante latientes vidas bajo su control. Su falta de pudor hacia la
bondad, eliminaba la esperanza que hubiera en ellos. Gélida. Pensé en aquella
persona fallecida que venia a ver, ya sin embargo demasiado tarde. Descubrí la
soledad entre esas piedras, esas implacables sabanas blancas de aséptico olor.
Pensé que esperaba mi visita, y que quizás ese calido recuerdo, la memoria,
acompañara sus últimos momentos. Olí a tranquilidad neutra en la habitación
demasiado fría, y supe que todo fue tranquilo, mas por elección que por opción.
Todo mi ser se revolvió ante algo
tan convulso. Fui consciente de la tenebrosa línea que separa la verdad del
vicio sustituto, la oscuridad de la luz.
Y gire los ojos hacia dentro, hacia
mi, aterida del frió de la muerte en vida, protegiéndome de esos ojos malvados,
cuchillas de infierno blanco con olor a lejía. Súbito, convergí, en mi propia luz. En mi
linterna. Luciérnaga.
Descubrí que mi norte era mi
centro, ese imán interno funciona, observe mi centro de gravedad, el poder de
la certeza, la obviedad de la verdad, descarnada, sin adornos. No estaban en
los otros ojos, sino en como se reflejaban en los míos como espejo,
hipnotizándolos bajo formulas corteses, demasiado comunes, viciado de formas.
Descubrí los mandos de mi
carreta, de que su poder era inmune si me escuchaba por dentro, escondida najo
mi propia piel, no lo que decía, sino lo que intentaba hacerme sentir, del
desprecio a lo bello y hermoso, y la onerosa necesidad de encubrirlo todo bajo
una capa de aparente normalidad, tangible, controlable, del mundo invisible que
es esconde bajo las formas, y de la clara manipulación de lo evidente. El MUNDO
INVISIBLE.
Me quite las gafas de la
corrección, y descubrí el otro lado del espejo, el interno del ojo, la
maquinaria donde s e reflejan las imágenes inversas y vueltas a convertir.
Y no solo vi, sino que aprendí a
ver, a entreleer, a escuchar mis impulsos instintivos animales, y desde
entonces deje de confundirme tanto, empecé a crear mi propio diccionario, de la
realidad, y de lo que se supone que era.
Las flores, ya tocadas de muerte
nada mas cortarse. Descansaron en el regazo de piedra, de aquella persona,
antes alma viva, a la que fui a visitar. Alejadas, su efímera belleza, de los golosos ojos acusadores de ese
vientre seco y oscuro, esa maldad intuida, de esa tal madre, paradójicamente,
de vientre vacío de vida, tan seca de amor como de carnes, enjutas, de bruja
vieja.
Conocí el mal, y no precisamente
en las peores calles, y en ese momento, nació mi conciencia.
Desde entonces jamás volví a
confundirme de sensaciones, el poder del miedo estaba en su mirada, el espejo
del otro, no en la mía, solo tenia que reconocer su naturaleza esencial,
impedir que entrara en mi estancia, que cogiera su poder. Ese día
descubrí mi fuerza, porque no deje que la oscuridad me cegase entrando en mi,
como alfiler de formas, salio por donde había venido sin atreverse a penetrar
mas, paseando su helor por mi alma, me dio un escalofrió. SE fue dando dio un
portazo, no debe ser fácil asumir que no puedes convencer a todos todo el
tiempo, esa certeza necesaria en mi, su odio hacia mi diferencia, era en ella
algo innato, olía la incorrupta pureza de los amparados por si mismos, los que
no se dejan chantajear, ni pisar la delicada telilla del amor propio, ese duelo
invisible de poder, especialmente
cuando todavía, se encuentran, como era mi caso entonces, aun verdes en
defensas.
Cerré la puerta al mal en sus
narices, le impedí la entrada, tajante, a la ventana abierta de mis ojos.
Los robles crecían en espeso
follaje, tras las ventanas. Salí del edificio veloz hasta el gigantesco portón,
respirando al fin, huyendo de ese terrible olor a muerte, aspire con fuerza el
gélido aire hasta que sentí casi dolor de frío, y no termine de respirar
fuerte, hasta que se me inundaron los pulmones del aroma de la tierra mojada y
negra de las fértiles tierras del norte. Y me sentí roble, abrigada entre sus
ramas, luciérnaga de bosque. Desde aquel día, ese árbol me cae bien, me aporta
la serenidad de la tierra nutrida, escucho el imperceptible murmullo de su savia fluyendo por el interior tan rico
de vida, bajo su dura corteza, cantando en silencio, alrededor de la estructura
colosal de la piedra fría.
TAM TAM LA BAILARINA
Era un sitio cualquiera, otro rincón olvidado, atrapado entre el mar y la montaña, hacia las fronteras de cualquier lugar.
Allí no hay nada.
Una carretera cada vez mas mala que se detiene, curiosa, ante el mar. La cordillera, mujer tumbada, va en paralelo a ella hasta el final y se sumerge en la tranquila hondonada, donde algunas rocas lejanas, brotando como islotes, se divisan espaciadas. Algunos pueblecillos humildes, sembrados a orillas de la carretera, aparecen escondidos a los ojos de turistas ociosos de lugares mas exoticos, sin embargo esto era el polvo, una carretera secundaria hace mucho tiempo olvidada. Al caer la tarde grandes estelas de humo resinoso se iluminan, surgidos de las hogueras de maderas aun verde, circulando por entre la densidad que rezuma en el aire.
Al largo del camino, junto al automóvil, divisé a niña y anciano, irian de aldea en aldea. Cuando llegaron, yo me encontraba allí por casualidad, como siempre. Un pequeño y monótono tam tam los anunciaba desde por la mañana, sin respiro llamaba con emergencia cansada, implorando que fuesen a verlos. Al anochecer, los caminos se llenaban curiosos, quizá venidos de otros pueblos.
Cuando llegue a esa choza mugrosa, estaba oscura y llena de gente. El olor a humedad tras las repentinas lluvias veraniegas, salía de los cuerpos como vahos de multitud. Se colo en mi traquea, como humo denso de un habano, sin dejarme respirar. Como un asco hediondo, a cuerpo infecto, alimentándose de mal ajeno. En medio, sobre un estrado desnudo, la niña estaba bailando ya, en una suerte de espectáculo, pobre de medios y recursos, unas lámparas humeantes parecían aislarla del resto del mundo, de la incipiente noche. Un viejo, acuclillado en un rincón, ora de pie, ora arrodillado, cantaba una larga perorata, antes de entonar una tediosa canción a ritmo duro. Su voz era hueca y cascada. Fea, con el timbre de los que ponen la pasión en un rimo implacable. A veces. Para seguir la locura hipnotica, clamaba afónico, y su grito padecía el dolor crónico, la oscura resignación de los olvidados. Este recuerdo valdío, como tantos otros, apareciendo de repente en mis ojos, han seguido siendo para mi como fugaces visiones de tantas vidas pasadas, sobrevividas, abarcadas, en una sola.
La muchacha baila, todavía joven, y sin embargo sus ojos ondean una vejez incipiente, una belleza decadente de flor ajada aun antes de germinar. Ha debido caminar largos días bajo el sol, tiene la piel de los hombros quemada, los pesados aretes metalicos de imitación, adornan sus timidos huesos, parecen morderla. No sabe bailar, ni actuar. Creo que tampoco a nadie le importa.
Se entrega a una danza hueca sin remedio, da su juventud, vaciándose, aun antes de sumergirse en la nada. Aun antes de la silvestre danza, el viejo alaridos pasara la bolsa abierta, buscando su beneficio durante toda la noche. Los buitres pastan ociosos sus ojos, sobre la muerte adelantada, ambos extremos de la vida, juventudy vejez de la mano, unos a punto de dejarla, y los que casi no han nacido para el mundo, nadie querría a esa salvaje cenicienta, a una pequeña criada, ni a ese viejo ennegrecido, que no vale ni para caldo. Por el día dormirá por alguna cuneta, o recorre el camino con este olvidado mentor, no debe tener mas que ella, una huida de caminos, una comida sin huella.
Ella y el viejo empiezan a la vez. Las primeras notas cantadas son bajas. Tenebrosas. Enseguida se percibe que llaman a otras mas lejanas. La danza comienza, sobriamente, como poniendo atención de nacer en el momento preciso. Empieza golpeando con el talón, en seco, elevándose sinuosa, lenta, hasta las huesudas caderas, ensanchándose hasta el torso, que se encierra entre los brazos, como una joya invisible, valiosa, donde la danza trata de escaparse sin vaciarse.
De repente la cadera se inmoviliza, las piernas se separan y los pies se fijan al suelo, entonces los brazos exploran nuevos recorridos, como saliendo del cuerpo, y el incipiente busto recibe de pronto la gracia y se apodera de el la necesidad de la danza. Los dedos giran sobre las palmas, suplicantes, los brazos quebrados están como rotos por una responsabilidad demasiado grande, una vez ha empezado el lance inicial, de repente veo un quiebro crispado, unos movimientos aleatorios y ora contrariamente, y me percato que es una pagana, no sabe bailar, pero los entiendo, entiendo la supervivencia de formas, ante los ojos no entrenados, y agradecidos, de un espectáculo callejero, me percato de su dolor de camino, en el vacío de los tiempos de carretas.Como una jaula de carne y hueso donde el pájaro se desenfrena antes de su ultimo canto. Una vida que no ha escogido, pero que posee su alma, quiza ella es libre solo en esa danza, y la urge en si, en completa soledad. De repente, tal como ha empezado, la danza cesa.
La bailarina vuelve a su pequeño cuerpo cansado, de niña vieja, casi muchacha. Brillante del calor, con resuello, desplomada, el viejo procede a contar una nueva historia, una nueva pasada de bolsa para recoger calderilla, las pequeñas ganancias y un nuevo comienzo a otra muerte de cisne. Todos la seguían con la visión, descansando en su rincón, con esa curiosidad insolente, baja y cruel. Para el segundo baile, se desvistió de alguna prenda, su menuda hazaña, acaparo la atención, y se lleno cada vez mas de gente deseosa, a causa de aquella fatiga a la que se entregaba inocente. Salí asqueada. Debió estar bailando toda la noche. Porque durante mucho tiempo el pequeño tam tam lanzo su llamamiento al sacrificio de la pequeña, y no ceso, hasta que el alba fresca entro en la choza agotada.
Gracias aeste baile comprendí la danza eterna, sagrada, de las culturas, por su huella latente de siglos omitidos a través de esa criatura, mala copia de un antiguo destino, la danza que desde hace siglos nutre con su magia al pueblo, dejando un vestigio de gran ceremonial, originado cientos de años atras hasta esa maldita y ruin choza oscura.
Se marcharon con el día, como carne de molino, agua de río, no suelen detenerse en ninguna parte. La preciosa bailarina se reiría en el baile de su destino, sin comprender que ella era como la abeja, también escogida por el destino para llevar a lugares lejanos el mensaje de su danza mal aprendida.
17 jul 2013
Te vendo mi alma al peso, por un beso.
Mi alma la vendo al peso:
pura lana virgen
demente inmaculada, honesta, fiel y valiente, aún creo que está caliente.
Y si no gusta tengo otras pues ninguna es mía, ésta misma, la robé el otro día a un alma en pena que me regaló la suya era fina y honesta un poco antigua así que le di alegría y me regaló un poco de horrorosa poesía compartimos vino, pan y penas y al final de la noche se rompió las venas Al levantar vi su alma inmaculada en mi regazo con una nota: véndela a pedazos está un poco rota
pero ya ni se nota Y así sentí que le robaba la única migaja que le quedaba. Y ahí voy, vendiendo alma pura a saldo (son difíciles de ver, tan transparentes, no te valen ni para un caldo). ¿La mía? ni sé donde está, ni me importa a tantos tahúres la realquilé por un bocado
que el día que vayan a recogerla
ni rastro de ella habrá quedado
pero ya la conozco de mala gana
como polvo de estrella, como fulana,
mi alma, si ya ha cobrado
se escapa de copa en copa, de rama en rama,
de brazo en brazo, de cama en cama, allá ella, sin pena, ni gloria ni compañía
ni yo la molesté, ni nunca hizo lo que no quería Así que en otra ocasión o en otra vida conoceré, si "se le da la gana", su complicada geografía.
demente inmaculada, honesta, fiel y valiente, aún creo que está caliente.
Y si no gusta tengo otras pues ninguna es mía, ésta misma, la robé el otro día a un alma en pena que me regaló la suya era fina y honesta un poco antigua así que le di alegría y me regaló un poco de horrorosa poesía compartimos vino, pan y penas y al final de la noche se rompió las venas Al levantar vi su alma inmaculada en mi regazo con una nota: véndela a pedazos está un poco rota
pero ya ni se nota Y así sentí que le robaba la única migaja que le quedaba. Y ahí voy, vendiendo alma pura a saldo (son difíciles de ver, tan transparentes, no te valen ni para un caldo). ¿La mía? ni sé donde está, ni me importa a tantos tahúres la realquilé por un bocado
que el día que vayan a recogerla
ni rastro de ella habrá quedado
pero ya la conozco de mala gana
como polvo de estrella, como fulana,
mi alma, si ya ha cobrado
se escapa de copa en copa, de rama en rama,
de brazo en brazo, de cama en cama, allá ella, sin pena, ni gloria ni compañía
ni yo la molesté, ni nunca hizo lo que no quería Así que en otra ocasión o en otra vida conoceré, si "se le da la gana", su complicada geografía.
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