Blog sobre cosas que pasan en la vida cuando eres un gato. Soy la gata Flora que aflora y somos tantas en una sola, que ni lloran
15 abr 2020
Microcuentos
Reía, bebía y hacía el amor como un plebeyo.
Un hortelano sin más horizonte,
que el sol y la visión infinita de los campos.
Por eso era un rey.
12 abr 2020
Alas de hierro 2
"El gran viaje"
Cómo todos los preparativos, especialmente cuándo se procedían en secreto, Beatriz tenía un problema importante cuya gestión estaba a punto de finalizar después de tres largos, a la par que escuetos años, triste ironía.
Necesitaba una nave.
Un barco si, parecería sencillo en su caso teniendo a su proceder algunos de los mejores capitanes en su familia de la Armada.
Necesitaba una nave.
Un barco si, parecería sencillo en su caso teniendo a su proceder algunos de los mejores capitanes en su familia de la Armada.
Y ahí radicaba el misterio, no debía ser de los suyos, un barco extranjero mercante o de paseo, lo suficientemente fuerte como para poder visitar alguna isla lejana.
Uno que no fuera de los suyos, un sin bandera, un adalid de turco. El secretamente suyo.
Una linda frontera que le sacara y en secreto de su mundo, con la excusa de un viaje balsámico medicinal.
Llevaba varios meses tomando vinagre para aumentar la palidez y ceniza mezclada con polvos de talco para las ojeras. Un viejo truco que de tan utilizado, debía ser sutil y certero. Pues las vigilancias entre las más jóvenes de las familias especialmente, solían ser lo habitual.
Solía suspirar en público y tener ausencias de sí en ligeros desmayos, para no levantar sospechas.
Su primo Felipe cómo buen avalista de la gran Armada, tenía una flota bien instaurada, en la que todos sabemos siempre salen un par de barcos a los que llaman "vinos cristianos" ésto es "aguados" por lo del truco mesonero de bautizarlos con agua, cuándo la soldadesca ya ebria, pierde el sabor pero no la textura, saliendo "deshonrosos" de las armaduras estructurales, pero más baratos.
Problemas que para otros pueden ser abisales o de gran envergadura si no se tienen los conocimientos y los contactos adecuados.
Cuándo la estructura ósea traza de maderas y Fierro, sólo un buen testaferro puede agrandar o reducir tamaña singladura.
Orestes el primo hermano, era experto en desenredar entuertos de apuestas, de mujeres, de pies rápidos, espadas cortas o tiros de ballestas.
Ni qué decir que la huida natural después de un historial de refriegas y maridos cabreados, era el mar, de armadas y singladuras puras, parte de su genética y también, por qué no, de una cultura excesa, valiente e intensa.
Ni qué decir que la huida natural después de un historial de refriegas y maridos cabreados, era el mar, de armadas y singladuras puras, parte de su genética y también, por qué no, de una cultura excesa, valiente e intensa.
Cómo buen organizador nato le conocían, de todo el mundo hasta el Tato: suburbios, puertas traseras de correncías, sainetes y corrientes varias.
Aunque nadie diera un maravedí por la inocencia de sus palabras, sin embargo era un tipo honesto.
De la antigua honorabilidad entre cómplices ladrones: si no te cuelo, no me cueles, si no me tocas, no te toco. ¡Ay! Pero no te agaches si te invoco, porque muera cuerdo y viva loco.
Experto en mares bravíos y afluentes, entre ricos, armadores, comandantes y corrientes, el primo era experto en navegar, por gusto, contra quién y a contra corriente.
Marmitako
Quelindddolocopoemaarrroto
Quebrraddoporlaintensidad
delapenumbralocayenamorrada
Quebellasuenalacarcajada
Delcuerdolocoylaalegrecampanada
Quésuavesalboradasseperdióeldestino
Cuándoequivocaynocruza
Enloscrucesdecaminos
Quélindadudaybesosperdidos
Cuándonodevoraycruje
Nuestrospropioslatidos
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delapenumbralocayenamorrada
Quebellasuenalacarcajada
Delcuerdolocoylaalegrecampanada
Quésuavesalboradasseperdióeldestino
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Enloscrucesdecaminos
Quélindadudaybesosperdidos
Cuándonodevoraycruje
Nuestrospropioslatidos
13 ene 2020
Alas de Hierro
Ésto lo escribí éste verano en la casa de mi amiga Monerri, en la bahía de Portman.
Un lugar dónde puedes inspirarte y empezar a escribir del tirón en 15 minutos lo primero que se te pasa por lo cabeza. En ésos minutos me surgió una idea.
ALAS DE HIERRO
Capítulo 1
"Castillos en el puerto, el olor de madera del sicomoro"
Como bien era predecible, el olor de las cocinas le recordaba los destinos de las infancias soleadas, familias olvidadas y los rincones secretos dónde quedaban los espacios vacíos de los amores contrariados.
Una lenta partida de cartas se alborozaba distraída a la izquierda del portón, se oía el lento respirar del venezolano José y de su tío Ernesto el Escribano, que empezaban a notar los efectos de las copiosas comidas en aquellas calurosas tardes a refugio del sotavento.
La madera del sicomoro se estaba agrietando, tantos años expuesta había conseguido al fin el aspecto ajado que las lluvias de otoño no consiguieron abatir.
Bajo aquella madera dorada tres generaciones de Castillos habían conseguido anclar los puertos a sus barcos, pese a la incandescente sangre de sus inquilinos.
Beatriz no iba a ser menos. Ya percibía nada más entrar la penumbra del aire pesado de las primeras horas del estío. Rozó su brazalera de plata que le regaló la abuela, colocada encima de la manga para no quemarse, y como siempre le proporcionó un ligero alivio. Un amuleto naval, un atajo de tierra entre las tormentas.
Pero poco cambia la suerte entre aquellos que pierden los sueños por la sobriedad de identidades añejas y la impertinencia temeraria de los nuevos destinos.
Aquella madera de sicomoro, aún no lo sabía, sería el último recuerdo tranquilo que tendría antes de volver a tocar tierra firme muchos años después.
Los alfeñiques aguardaban en el cofrecillo, ansiosos de sal, como si supieran que su embarque estuviera próximo a llegar.
La pulsera de viajes heredado desde sabe Dios cuándo, insistía en recordar a la abuela Doña Fernanda, con aquél engarzado denso de plata vieja, santos, símbolos y monedas, que resumía en el sueño de su entramado los cientos de arbotantes y poleas, de sueños y de peleas, de tabernas de lagartos, de pulseras de amuletos, de vírgenes y de bocetos, éste viejo amuleto utilizado con sus añadidos las españolas de su familia en sus aventuras marítimas ultramarinos, tenía cargada la energía de aquellos éxitos, promesas y rezos de mil tormentas lejanas.
"La Eunuca" aquella brazalera y el olor de la madera del viejo sicomoro, era todo el salvavidas que necesitaba la nieta del Mercader para echarse a la mar."
Un lugar dónde puedes inspirarte y empezar a escribir del tirón en 15 minutos lo primero que se te pasa por lo cabeza. En ésos minutos me surgió una idea.
ALAS DE HIERRO
Capítulo 1
"Castillos en el puerto, el olor de madera del sicomoro"
Como bien era predecible, el olor de las cocinas le recordaba los destinos de las infancias soleadas, familias olvidadas y los rincones secretos dónde quedaban los espacios vacíos de los amores contrariados.
Una lenta partida de cartas se alborozaba distraída a la izquierda del portón, se oía el lento respirar del venezolano José y de su tío Ernesto el Escribano, que empezaban a notar los efectos de las copiosas comidas en aquellas calurosas tardes a refugio del sotavento.
La madera del sicomoro se estaba agrietando, tantos años expuesta había conseguido al fin el aspecto ajado que las lluvias de otoño no consiguieron abatir.
Bajo aquella madera dorada tres generaciones de Castillos habían conseguido anclar los puertos a sus barcos, pese a la incandescente sangre de sus inquilinos.
Beatriz no iba a ser menos. Ya percibía nada más entrar la penumbra del aire pesado de las primeras horas del estío. Rozó su brazalera de plata que le regaló la abuela, colocada encima de la manga para no quemarse, y como siempre le proporcionó un ligero alivio. Un amuleto naval, un atajo de tierra entre las tormentas.
Pero poco cambia la suerte entre aquellos que pierden los sueños por la sobriedad de identidades añejas y la impertinencia temeraria de los nuevos destinos.
Aquella madera de sicomoro, aún no lo sabía, sería el último recuerdo tranquilo que tendría antes de volver a tocar tierra firme muchos años después.
Los alfeñiques aguardaban en el cofrecillo, ansiosos de sal, como si supieran que su embarque estuviera próximo a llegar.
La pulsera de viajes heredado desde sabe Dios cuándo, insistía en recordar a la abuela Doña Fernanda, con aquél engarzado denso de plata vieja, santos, símbolos y monedas, que resumía en el sueño de su entramado los cientos de arbotantes y poleas, de sueños y de peleas, de tabernas de lagartos, de pulseras de amuletos, de vírgenes y de bocetos, éste viejo amuleto utilizado con sus añadidos las españolas de su familia en sus aventuras marítimas ultramarinos, tenía cargada la energía de aquellos éxitos, promesas y rezos de mil tormentas lejanas.
"La Eunuca" aquella brazalera y el olor de la madera del viejo sicomoro, era todo el salvavidas que necesitaba la nieta del Mercader para echarse a la mar."
5 dic 2019
La voz que te debo
Ahora que vives
Entre el gris hojalata
De mis camas de gata
Acuchillado
Acuchillado
Paseando entre acantilados
De rugidos alienantes
Y ladrillos enjaulados
Quiero
Quiero
Besarte con palabras
Recordarte
Recordarte
Que eres único
Exclusivo singular
Exclusivo singular
Que amanecerás otros días
Compartiremos el túnel
De las miradas perdidas
De los transeúntes jocosos
Solitarios de pantomimas
Ofreciéndote mi mano amiga
Entrelazados
Hasta encontrar la cortina
Parada humeante
Ofreciéndote mi mano amiga
Entrelazados
Hasta encontrar la cortina
Parada humeante
Donde coger el tranvía.
Aligerarte la pena
Amante
Amigo
Es mi mejor
condena.
condena.
16 sept 2019
Gloriafuerteando
Bordeando
Soy menuda;
en el teatro de caminos
en el teatro de caminos
Carretera y manta
De piel y hueso
Perdí los destinos
De piel y hueso
Perdí los destinos
llegué a pesar treinta kilos.
He estado al borde de la neumonía,
al borde del secuestro,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde de la esclavitud,
al borde de la concordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar
al borde del secuestro,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde de la esclavitud,
al borde de la concordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar
Quizá algún día
Que se hayan olvidado de mí
Y me deslicé
Año tras año tras año de confinamiento
Para poder escapar
Ahora que ya soy libre
A mis alas mojadas
Inutilizadas
Se les olvidó volar.
12 sept 2019
Tientas
Quizá ayer llegué del Desierto
Traigo las manos llenas de tinta
Los ojos llenos de mundo
Los pies llenos de arena
Quizá sean mis tres hijos
Como tres soles, lunas y tierras
Clarividente bienvenida
El hombre de las mil lenguas
Y las mil y una sonrisas negras
Que como viejas cicatrices
mirando al cielo
Anuncian cambios de vientos
Y de tiempos.
Traigo las manos llenas de tinta
Los ojos llenos de mundo
Los pies llenos de arena
Quizá sean mis tres hijos
Como tres soles, lunas y tierras
Clarividente bienvenida
El hombre de las mil lenguas
Y las mil y una sonrisas negras
Que como viejas cicatrices
mirando al cielo
Anuncian cambios de vientos
Y de tiempos.
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