27 nov 2015

Lagrimas de mar



Lágrimas al vacío
despeñadas
empeñadas

Fea costumbre

con el agua
crecen hongos
en los sótanos del alma

con la sal 
sudan las heridas
de un dolor innecesario

ven al sol 

y recuerda
que el mar
es mejor
si buceas

dentro
de

él.


26 nov 2015

SOPA DE POLLO




Lo sentimos señor
es Ud la maleta del sr. Martinez
no se como ha ocurrido
el SR. Martinez ha muerto
en un accidente
de nuestra compañia
puede ser libre,
le depositamos 
el cheking en el lugar
que figura en el etiqueta?
Gracias Sr.
que tenga un buen viajeee!!

4 nov 2015

Madres ausentes




Hay madres como auroras
Madres puras
Madres universales
Madres que dejan vacíos
Como grandes fueron sus almas
Madres con brazos tan cálidos
Que derretirían los mismos hielos
Desde el confín más helado del inframundo
Madres
En tal caso
Que son
En sí mismas
El abrazo
De las entrañas de la tierra
Desde el mismísimo principio
de todos los tiempos.

31 oct 2015

Día de las Ánimas





En estos días,
Los muertos
solitarios
sobrecogidos por el ruido
de las pisadas
excavan túneles interiores
Para ponerse al día
Y quedarse guapos,
unos esperan felices
otros, expectantes
y otros saben bien que nadie les queda
o les busca
Los muertos han hecho una cena de huesos
para tener mas calcio y lucir mas bonitos
han hecho una colecta para una corona
y han nombrado a un niño que murió joven
para que sea el rey de las fiestas
y muertos por los que no pregunta nadie
están fuera del recinto, tirados en las cunetas
y chillan y gritan pero saben que están ocultos
así que todos los años, juegan a las cartas
para sentirse menos solos
Estos muertos los van sacando, de vez en cuando,
y mueven las colitas al volver a casa
como un perro cuando recupera a sus amos perdidos
Que no hay muertos de primera ni de segunda
que todos los muertos, los justos o los injustos,
descansen igual



"A las ánimas benditas
no les temas hacer bien
porque puede que mañana
seas ánima también" rezo popular del sureste

11 dic 2013

CANTANDO BAJO LA VENTANA



Una noche, hace mucho, pasaron bajo mi ventana un hombre y una mujer.

Fue en mitad de la noche. Iban cantando cierta canción, no se cual, pero me pareció haberla oído antes, quizá solo una vez en mi vida, algún único momento de felicidad absoluta en mitad de la nada.

Solos en el mundo. Cantaban con voz suave, dedicada. No canturreaban a gritos insolentes, como hacían los borrachos de las tascas todos los fines de semana. Se escuchaban cantar.

Solamente dos personas que se amaban, que estaban todavía en lo vivo de un amor naciente, solos, a esa hora, ese día y en ese momento en que la humanidad abrumada por el olvido se recupera del sueño, solo ellos tenían esa oportunidad de dedicarse cantar.

 En medio del silencio, rasgando la tela oscura de sueños, el filo donde termina un día y empieza el otro, aun sin haber muerto ni nacido cada uno del todo, en esa mitad de la nada, se elevaba esa canción. Una flor rompiendo con sus pétalos la noche de piedra. Cantar contra la muerte, pensé.

Toda mi carne se puso a gritar deseando ser ellos, y cuando la pareja se hubo alejado tras largo rato, seguí sin poder dormirme, tarareando en mi mente esa sencilla melodía, llenando de vino mi copa vacía por esos instantes de sutil belleza.

Ayer noche recupere ese ligero silbido, esa sensación eterna, durante un instante.

... y sin embargo, se mueve.


Eso fue hace tanto, que parece un sueño. Ahora tengo mi propia ventana para cantar esa canción eterna, ahora tengo mi propia melodía, mi propio pedazo de eternidad

MADRE


Miré a través de la ventana abierta, el follaje de los robles crecía alrededor de ese antiguo y siniestro edificio. Estaba en la segunda planta. Era un antiguo palacete reconvertido en hospital, por cualquier otra obra de caridad fideicomisaria.

“Ahora esta en cielo. Debería estar contenta. Además,  no hay nada mas que hacer”.

Al momento siguiente salí al pasillo, entrecortada. Me encontré a la superiora, “¿Quiere usted dar esas flores a la Virgen?” miro el ramo yaciente entre mis manos, como el que asalta una exuberante diligencia antes de morir, y de repente ofendida, dije que no. La monja me miro. Tendría unos setenta años o mas, estaba reseca, como pellejo, por su continua actividad como organizadora de ese lugar con fuerte olor a soledad y lejía, tendría un vientre negro y seco, oscuro, como cueva abandonada. “¿Quiere usted comulgar?”, “No. Estoy sin bautizar”, dije secamente. Entonces me miro de nuevo, como si me viera por primera vez, su rostro se volvió horrible y perverso, era el rostro de la maldad. El diablo, pensé. “Esta no quiere comulgar y se queja de que ha muerto. Bah” dijo en alto para un publico invisible. Acostumbrada a dar ordenes, esclavos, supuse. Salio airada, digna, dando un portazo. La llamaban “madre”, y sin embargo ya entonces, a esa joven edad, pensé que era el nombre menos apropiado para ella. Fue la primera vez que mire la maldad a los ojos.

Aquel día, mi vida cambió en su ser mas intimo, descubrió la estafa, cambió de orientación. “La Verdad” sin embargo era “Mentira”, me encontraba inocentemente sorprendida, lo que se suponía correcto, o inmoral, sin embargo era mas bien al revés. Lo supe con esa certeza intima, tan dentro de mi que abrasaba mis entrañas.

Sabía que era mala, amarga de hiel, socorrida a excusas manidas, injusta bajo un falso e imperante orden artificial ante latientes vidas bajo su control. Su falta de pudor hacia la bondad, eliminaba la esperanza que hubiera en ellos. Gélida. Pensé en aquella persona fallecida que venia a ver, ya sin embargo demasiado tarde. Descubrí la soledad entre esas piedras, esas implacables sabanas blancas de aséptico olor. Pensé que esperaba mi visita, y que quizás ese calido recuerdo, la memoria, acompañara sus últimos momentos. Olí a tranquilidad neutra en la habitación demasiado fría, y supe que todo fue tranquilo, mas por elección que por opción.

Todo mi ser se revolvió ante algo tan convulso. Fui consciente de la tenebrosa línea que separa la verdad del vicio sustituto, la oscuridad de la luz.
Y gire los ojos hacia dentro, hacia mi, aterida del frió de la muerte en vida, protegiéndome de esos ojos malvados, cuchillas de infierno blanco con olor a lejía. Súbito,  convergí, en mi propia luz. En mi linterna. Luciérnaga.
Descubrí que mi norte era mi centro, ese imán interno funciona, observe mi centro de gravedad, el poder de la certeza, la obviedad de la verdad, descarnada, sin adornos. No estaban en los otros ojos, sino en como se reflejaban en los míos como espejo, hipnotizándolos bajo formulas corteses, demasiado comunes, viciado de formas.
Descubrí los mandos de mi carreta, de que su poder era inmune si me escuchaba por dentro, escondida najo mi propia piel, no lo que decía, sino lo que intentaba hacerme sentir, del desprecio a lo bello y hermoso, y la onerosa necesidad de encubrirlo todo bajo una capa de aparente normalidad, tangible, controlable, del mundo invisible que es esconde bajo las formas, y de la clara manipulación de lo evidente. El MUNDO INVISIBLE.
Me quite las gafas de la corrección, y descubrí el otro lado del espejo, el interno del ojo, la maquinaria donde s e reflejan las imágenes inversas y vueltas a convertir.
Y no solo vi, sino que aprendí a ver, a entreleer, a escuchar mis impulsos instintivos animales, y desde entonces deje de confundirme tanto, empecé a crear mi propio diccionario, de la realidad, y de lo que se supone que era.

Las flores, ya tocadas de muerte nada mas cortarse. Descansaron en el regazo de piedra, de aquella persona, antes alma viva, a la que fui a visitar. Alejadas, su efímera belleza,  de los golosos ojos acusadores de ese vientre seco y oscuro, esa maldad intuida, de esa tal madre, paradójicamente, de vientre vacío de vida, tan seca de amor como de carnes, enjutas, de bruja vieja.

Conocí el mal, y no precisamente en las peores calles, y en ese momento, nació mi conciencia.

Desde entonces jamás volví a confundirme de sensaciones, el poder del miedo estaba en su mirada, el espejo del otro, no en la mía, solo tenia que reconocer su naturaleza esencial, impedir que entrara en mi estancia, que cogiera su poder. Ese día descubrí mi fuerza, porque no deje que la oscuridad me cegase entrando en mi, como alfiler de formas, salio por donde había venido sin atreverse a penetrar mas, paseando su helor por mi alma, me dio un escalofrió. SE fue dando dio un portazo, no debe ser fácil asumir que no puedes convencer a todos todo el tiempo, esa certeza necesaria en mi, su odio hacia mi diferencia, era en ella algo innato, olía la incorrupta pureza de los amparados por si mismos, los que no se dejan chantajear, ni pisar la delicada telilla del amor propio, ese duelo invisible de poder,  especialmente cuando todavía, se encuentran, como era mi caso entonces, aun verdes en defensas.

Cerré la puerta al mal en sus narices, le impedí la entrada, tajante, a la ventana abierta de mis ojos.

Los robles crecían en espeso follaje, tras las ventanas. Salí del edificio veloz hasta el gigantesco portón, respirando al fin, huyendo de ese terrible olor a muerte, aspire con fuerza el gélido aire hasta que sentí casi dolor de frío, y no termine de respirar fuerte, hasta que se me inundaron los pulmones del aroma de la tierra mojada y negra de las fértiles tierras del norte. Y me sentí roble, abrigada entre sus ramas, luciérnaga de bosque. Desde aquel día, ese árbol me cae bien, me aporta la serenidad de la tierra nutrida, escucho el imperceptible murmullo de su  savia fluyendo por el interior tan rico de vida, bajo su dura corteza, cantando en silencio, alrededor de la estructura colosal de la piedra fría.