4 feb. 2008

"EL VELLOCINO DE ORO": Soy HELE resucitada, y ésta es la verdadera historia de mi carnero, mi ángel, mi guardián, momificado y dignificado.




Soy Hele, resucitada
me convertí de Diosa en hada
de hada en nada
de nada en nevada
en frío en calor
en agua en vida
en brote
en rebrote
en límpida y pura
(como mi madre Néfele, alma de nube,
ora evaporada, ora condensada)
dentro del agua contaminada.

Esperando restaurar
el código desacelerador,
exterminar el cáncer multiplicador
de la putrefacción
limpiar, sanar, atemperar, enfriar, extirpar, calentar y resucitar
como un médico, un constructor, un artesano, un músico, un bailarín
y una mano de hermano, un organizador de la despensa moral del emperador.
Mi hermano, el traidor triunfador que me usurpó.

Soy Hele,
que cayó sobre el mar, pero no murió.
Mi aliento de puente entre dos tierras,
tan iguales por dentro,tan distintas por fuera.
Como Estambul, y parte de ella,
como escisión mitocondrial, divide europasia,
dos conceptos de un mismo alma de lengua de mar y de peces.
Las ciudades gemelas de vidas y libros copiados del mar.
Una escribana fantasmal, otra reconocida con varios nombres.
Viajé con mi hermano, huyendo del aposento envenenado.
Viajé sobre el lomo del carnero granado de oro,
llanto de futuro adelanto
El cordero, el hijo también Diós de mar
el de los míos, de los cantos valdíos y bellos amoríos de rocío.

Fuí tirada pues, por los monstruos del aire,
por el hermano traidor, la suciedad de la sangre,
por el viento malo, por el cobarde.

De mi carnero hicieron Zalea.
La piel de oveja hermosa y abundante que me preservó de la humedad
del hongo hondo de la podredrumbre del humedal inquisitorial.
La época del miedo, de la censura, del silencio
de la oscura habladura, de la negación del alma
de la creación, de la hembra, del arte de la satisfacción.

Lo sacrificaron pues para que no hablara
ni cantara la vil traición del cambio de estación.

Ahora la estación ha cambiado, en el ciclo de la vida.

Secarlo al roble lo hizo aún más hermoso.
Se doró, mi hermano se olvidó y yo,
ausente de cuerpo presente, se lo ofrecí colgado,
anónimo,
a través de una luz de oro, como un destello, guiando a Jasón.
para sacarlo de la isla,
como una botella en el mar,
Para que viajar fuera y se dignificara
la verguenza de su muerte
como algo simplemente exótico.
Siendo en sí mismo elogio,
no de poseerlo, sino de estar cerca de la compañía,
de tan magnífico animal sobrehumano,
como voluntariamente quiso conmigo,
poderoso, magnánimo, dulce, dócil a mi mano, confiado,
pero fuerte y ardiente en carácter encontrado,
no un regalo de reyes o dioses.

Sólo resucitará su divinidad
cuando se oreara como el vino y se abriera con el tiempo
en su año, como el corcho de la botella
atrapando el tiempo como en una carta
enviada a manos expertas y sutiles.
Para recuperar su orgullo, la legitimidad,
y la realeza de espíritu.

Soy Hele, entre otras vidas.
Medea...
no murió, sino que se hizo inmortal,
o sucesivamente mortal.
Suavizada por la pérdida de la ingenuidad,
más cautelosa, curada con el jamón de la humildad
basada en el aprendizaje del viaje,
la humildad de tan lejano y largo trayecto,
al interior de sumergirse en uno mismo
y no ahogarse, abrir los ojos, serenarse
aprender a respirar por el costado branquial.
MUTARSE, adaptarse.

Por la constante reinvención,
el traspasar tu límite,
el ir más allá sin la certeza del mañana
con la confianza del pasado.
del ciclo como el Ave Fénix.
Mi tapir, mi cobra regalada.

Inocente fuí en mí, joven, ignorancia
prendada al alma como alfiler,
pensaron que me ahogué,
pero me restauré,
de cada susto nació una pluma,
de cada lágrima nació un ala.

Los romanos me dibujaron MUSA plantada
tocando y cantando con la lira en la balaustrada,
acompañando los barcos cual delfín,
con cuerpo de pájaro, dulce voz
y mente afilada como puercoespín.

De mi madre la nube,
salvadora,
quedé colgada
de un hilo de plata,
inventó un vapor,
un doble mío
un espejo de espejismo que me salvó,
un salvador clónico, daltónico,
gemelar y reconvertidor
una imagen mía visual
para calmar el aliento del espíritu del mal.

Soy Hele, pero no caí, ni me maté,
aunque cambié y mi alma anterior vomité,
cambié de forma y apariencia pero no de ser.

Canté pues del viento y mi boca salió
una dulce armonía de la felicidad
del timón del aire que pasaba por dentro hasta mi cola
como veleta, que transformé en cálido murmullo
el hondo resurgir aprendido, del Dios del agua.

Me transformaron en pez, en los tiempos oscuros,
allá donde nada sano tenía nombre,
donde el silencio era la única vida.
SIRENA me llamaron, arpía de pérfidos sueños
que llamaron a los "dueños" a morir
despeñados en los afilados acantilados.
eran MIS VOCES EN LOS SUEÑOS,
mi visión del arrullo del corazón.
Pues prevenir les quise y hasta me odiaron.

Pero eso ya, es otra historia.

4 comentarios :

  1. Para los amantes de una Historia:
    Un cuento, un relato, una leyenda, una historia como otra, de Jasón y los Argonautas.

    La envidia hacia los hijastros, la superioridad sobre los débiles, los celos, la avaricia y la caída y supuesta muerte de Heles.

    Heles, la hermana gemela, cayó al mar desde el carnero sagrado, cayó y murió ahogada, dando su nombre a un estrecho de 2 orillas.

    Pero la Historia de la humanidad, como siempre, está tintada de una parte invisible, que muchas veces esconde verdades, algunas de ellas interesadas y manipuladas, otras olvidadas por la débil memoria y la tinta perdida, quemada de una biblioteca.
    A través de las partituras no leídas, del olor del viento de la encrucijada, del olor de otro recuerdo extraño en mi alma incrustada, insufló vida propia caliente y amable,
    La de un viajante de mar, la de una historia entreveída y conocida por el Gen pendiente, que suele ser el más ausente.

    El Toisón de oro, el "bello ocín de oro"...un metal cuyo "bello orín" es del color del oro, metal que fue descubierto y puesto en circulación en el tercer siglo de Aries en un lugar llamado Cólquide...

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  2. Al principio, Jasón es el héroe por excelencia. Pero cede al orgullo y olvida a los que le ayudaron. Si bien se casa con Medea para agradecerle su ayuda, cuando vuelve a Grecia se avergüenza de Medea.
    Los dioses no son indulgentes con los desagradecidos y los soberbios, y hasta Jasón recibe su castigo a través de la venganza de Medea.

    Ella lo ayudó, traicionando a su familia y a su patria. Como héroe que era, él no habría tenido que aceptar esa ayuda, y debió luchar abiertamente para alcanzar su objetivo.

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  3. No, si al final va a ser verdad -amiga- que la gente se enamora de angeles o espiritus...

    Un abrazo angelical

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  4. Simplemente hermoso.
    Inmortal, sucesivamente mortal...
    Permanente gratitud hacia ti.
    Un beso.

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