Ésto lo escribí éste verano en la casa de mi amiga Monerri, en la bahía de Portman.
Un lugar dónde puedes inspirarte y empezar a escribir del tirón en 15 minutos lo primero que se te pasa por lo cabeza. En ésos minutos me surgió una idea.
ALAS DE HIERRO
Capítulo 1
"Castillos en el puerto, el olor de madera del sicomoro"
Como bien era predecible, el olor de las cocinas le recordaba los destinos de las infancias soleadas, familias olvidadas y los rincones secretos dónde quedaban los espacios vacíos de los amores contrariados.
Una lenta partida de cartas se alborozaba distraída a la izquierda del portón, se oía el lento respirar del venezolano José y de su tío Ernesto el Escribano, que empezaban a notar los efectos de las copiosas comidas en aquellas calurosas tardes a refugio del sotavento.
La madera del sicomoro se estaba agrietando, tantos años expuesta había conseguido al fin el aspecto ajado que las lluvias de otoño no consiguieron abatir.
Bajo aquella madera dorada tres generaciones de Castillos habían conseguido anclar los puertos a sus barcos, pese a la incandescente sangre de sus inquilinos.
Beatriz no iba a ser menos. Ya percibía nada más entrar la penumbra del aire pesado de las primeras horas del estío. Rozó su brazalera de plata que le regaló la abuela, colocada encima de la manga para no quemarse, y como siempre le proporcionó un ligero alivio. Un amuleto naval, un atajo de tierra entre las tormentas.
Pero poco cambia la suerte entre aquellos que pierden los sueños por la sobriedad de identidades añejas y la impertinencia temeraria de los nuevos destinos.
Aquella madera de sicomoro, aún no lo sabía, sería el último recuerdo tranquilo que tendría antes de volver a tocar tierra firme muchos años después.
Los alfeñiques aguardaban en el cofrecillo, ansiosos de sal, como si supieran que su embarque estuviera próximo a llegar.
La pulsera de viajes heredado desde sabe Dios cuándo, insistía en recordar a la abuela Doña Fernanda, con aquél engarzado denso de plata vieja, santos, símbolos y monedas, que resumía en el sueño de su entramado los cientos de arbotantes y poleas, de sueños y de peleas, de tabernas de lagartos, de pulseras de amuletos, de vírgenes y de bocetos, éste viejo amuleto utilizado con sus añadidos las españolas de su familia en sus aventuras marítimas ultramarinos, tenía cargada la energía de aquellos éxitos, promesas y rezos de mil tormentas lejanas.
"La Eunuca" aquella brazalera y el olor de la madera del viejo sicomoro, era todo el salvavidas que necesitaba la nieta del Mercader para echarse a la mar."
Blog sobre cosas que pasan en la vida cuando eres un gato. Soy la gata Flora que aflora y somos tantas en una sola, que ni lloran
13 ene 2020
5 dic 2019
La voz que te debo
Ahora que vives
Entre el gris hojalata
De mis camas de gata
Acuchillado
Acuchillado
Paseando entre acantilados
De rugidos alienantes
Y ladrillos enjaulados
Quiero
Quiero
Besarte con palabras
Recordarte
Recordarte
Que eres único
Exclusivo singular
Exclusivo singular
Que amanecerás otros días
Compartiremos el túnel
De las miradas perdidas
De los transeúntes jocosos
Solitarios de pantomimas
Ofreciéndote mi mano amiga
Entrelazados
Hasta encontrar la cortina
Parada humeante
Ofreciéndote mi mano amiga
Entrelazados
Hasta encontrar la cortina
Parada humeante
Donde coger el tranvía.
Aligerarte la pena
Amante
Amigo
Es mi mejor
condena.
condena.
16 sept 2019
Gloriafuerteando
Bordeando
Soy menuda;
en el teatro de caminos
en el teatro de caminos
Carretera y manta
De piel y hueso
Perdí los destinos
De piel y hueso
Perdí los destinos
llegué a pesar treinta kilos.
He estado al borde de la neumonía,
al borde del secuestro,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde de la esclavitud,
al borde de la concordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar
al borde del secuestro,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde de la esclavitud,
al borde de la concordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar
Quizá algún día
Que se hayan olvidado de mí
Y me deslicé
Año tras año tras año de confinamiento
Para poder escapar
Ahora que ya soy libre
A mis alas mojadas
Inutilizadas
Se les olvidó volar.
12 sept 2019
Tientas
Quizá ayer llegué del Desierto
Traigo las manos llenas de tinta
Los ojos llenos de mundo
Los pies llenos de arena
Quizá sean mis tres hijos
Como tres soles, lunas y tierras
Clarividente bienvenida
El hombre de las mil lenguas
Y las mil y una sonrisas negras
Que como viejas cicatrices
mirando al cielo
Anuncian cambios de vientos
Y de tiempos.
Traigo las manos llenas de tinta
Los ojos llenos de mundo
Los pies llenos de arena
Quizá sean mis tres hijos
Como tres soles, lunas y tierras
Clarividente bienvenida
El hombre de las mil lenguas
Y las mil y una sonrisas negras
Que como viejas cicatrices
mirando al cielo
Anuncian cambios de vientos
Y de tiempos.
30 ago 2019
Diente de león
Quizá
No somos más
que el tiempo
Que nos queda
Caminando hacia la lluvia
Del olvido.
Quizá
Mientras tanto
Café y rosas
Para aprehender
Lo viviendo
O lo vivido
Como el que atrapa
La promesa de sueños
De un diente de león
En el aire
En mitad de
Cualquier calle
Entre la nada.
No somos más
que el tiempo
Que nos queda
Caminando hacia la lluvia
Del olvido.
Quizá
Mientras tanto
Café y rosas
Para aprehender
Lo viviendo
O lo vivido
Como el que atrapa
La promesa de sueños
De un diente de león
En el aire
En mitad de
Cualquier calle
Entre la nada.
24 ago 2019
De Tesoros
Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente.
Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos, y cuando volvemos a la superficie la gota de agua que pende de la pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar del que procede.
Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro.
Maurice Maeterlinck
Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos, y cuando volvemos a la superficie la gota de agua que pende de la pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar del que procede.
Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro.
Maurice Maeterlinck
11 jul 2019
Tempus fugit
Reloj de sol en la playa del El Palmar en "Vejer de la Frontera" Andalucía, España
"OMNES FERIUNT, ULTIMA NECAT"
"Todas (las horas) hieren, la última mata".
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