12 jul 2020

El diamante de la señora Doris

Esta historia es ficción, obviously, pero podría convertirse en realidad quién sabe jajaja. Lo he escrito deprisa y corriendo, porque me apetece tomar un café y se me ha ocurrido esta historia, así que si veis saltos de guión, o cambio de argumentación, os aguantáis, porque ha salido tal cual de la cabeza, realmente es una historia 3x1 podría llamarse:

EL DIAMANTE DE LA SEÑORA DORIS

Aquél día, Anita Mae esperaba su café en aquél ordinario lugar, el sol de la ciudad brillaba intensamente a través de las ventanas, de color amarillo pesado, aplastando la ciudad como la pátina de un hucvo  cuya yema era demasiado oscura para barnizar un bollito de pan blanco. Mientras aguardaba,  sin moverse ojeó los titulares de un periódico que estaba a su lado, en ese momento una ruda mano le arrancó la improvisada lectura de un plumazo sin pedir permiso, “que ordinario, como no”-pensó. Ése muchacho era un pobre diablo, uno de los cientos típicos musculosos provincianos, cargados de complejos y culpas, que se convertían en sebo una vez terminaran la ingesta de porquería que le dieran en sus gimnasios de barrio, cuyos deseos eran elementales, sus métodos directos y sus acciones meras ecuaciones simples.
Encorvándose sobre el mostrador agarró un trozo de bizcocho con sus manazas mientras reía estrepitosamente con la boca llena, ante la mirada admiradora de la estúpida camarera, ésas pobres que se enamoran de tipos como él nada más verles. ¿Sabes como son las cosas entre las chicas simples y los tipos musculosos, no? Bueno no es caro decir lo que todos saben, cuanto más simples son ellas, más se enamoran de esos imbéciles. Un gorila con cara de tonto y una impetnitente sonrisa babosa entre sus dientes, mientras ella contonea su risa a carcajada limpia enseñando los dientes con tanto pudor como inteligencia.
Cogió su café “take away” con la incesante sensación de querer cambiar pronto de paisaje visual y poder observar a gentes cuyo hilo mental no fuera transparente hasta para las amebas u organismos unicelulares.
Salió por la puerta en el momento que un silbido de supuesta admiración asqueroso le dió náuseas, “cuerpo” dijo el tontolaba, para disgusto de la chiquilla del tupé y los aretes, mientras le respondió sin mirar con el dedo portador de anillos, escapando de aquél lugar esperando encontrar un refugio para ella en cualquier otra parte del mundo, sospechando tal vez, que siempre habrá monos reidores en todos los rincones.

Más tarde en la comisaría del señor Gonsalvez.

-Pero...ella sólo estuvo aquí dos días.
-Fue tiempo suficiente para que tuviesen la misma idea, aunque sus maneras de enfocarlo fueran completamente diferentes, ella fue mas rápida, eso es todo.
-Pero... no, no comprendo no sabía que él era experto en ese juego, ¿cómo pudo haberlo intuído?
- No lo sé, él era un gorila, el típico chulo de gimnasio.
- ¿Y se lo llevó?
- Delante de sus narices, sin que nadie se diera cuenta, y eso que en los titulares ya anunciaron la noticia ayer, no sé cómo cayó, pero lo hizo, el diamante ya está muy lejos de aquí. No podemos hacer nada.
Mientras esperaba, formó en su mente las palabras de la explicación que daría del caso, quizá fuera el único hombre prudente de la ciudad, quizá el único sensato, de esos hombres callados. Ella sabía que lo encontraría allí después de tantos años, se sorpendió al verla, quizá ella lo leigiera simplemente porque era el más reservado de sus viejos amigos, basándose en la teoría de que sólo las personas de inteligencia media son habladoras, él siempre fue tímido, introvertido, y más con ella, que bajo su piel extrovertida ocultaba una doble capa para los que merecían la pena. Una persona callada, que se mantiene recluída con su voz, obedece a dos razones, posee una ran inteligencia y piensa demasiado; o tiene una inteligencia pobre y se limita a existir, ella quizá le eligiera porque era el inspector, por una vieja deuda, por los viejos tiempos, cuando jugaban juntos... eran tan solo unos críos.
Al fín y al cabo ella siempre tuvo mala suerte, no se lo merecía. A él no le costaba nada hacerse el loco un solo segundo de su vida. Si por casualidad muriera en el mar, “ahogada” y no encontraran su cuerpo, a los 5 años cobraría el seguro como esposo, que según en los papeles sigue siendo, con su nombre real, Anita Mae, te sigo queriendo, ya falta menos. No imaginé que cuando me contaste aquél cuento, añgún día lo hicieras realidad... siempre fuiste tan valiente.
-¿Gonsalvez?
-Si, al aparato.
- Ya lo tengo inspector, pero no le va  a gustar – se inclinó el inspector sobre el teléfono con una mueca parecida a una sonrisa- Primero insistiré en mi afirmación de que el tipo musculoso, el tal Jonnhy, es el autor material del robo. Segundo es cierto que no se conocían de nada anteriormente al encuentro, y tercero- inspiró profundamente- hora sé por qué lo hizo...
-¿Qué? especifíqueme por favor.
- Él no la conocía a ella, pero ella a él si, el fue el amante de una amiga suya, rubia, que terminó suicidándose por amor, quizá fuera una venganza. La tipa a la que estaba cortejando era un clon de la idiota de su amiga, y el robo fue la recompensa por dejar a toda su familia destrozada.
- ¿Y cómo sabe eso?¿sus antecednetes, digo?
- Bueno, el tal Jonhny no era la primera vez que lo hacía, enamorar a chicas de pueblo y robarlas, no solo el corazón, algún día se ternía que acabar su suerte, el diamante lo había robado recientemente de una casa adinerada en la que había hechos trabajos de jardinero, ganándose la confianza de la vieja, seguro que no sabía ni que esa pieza era única en el mundo. La vieja esa era millonaria, perdió una hija hacía años.
- Muy bien, y ¿qué hacemos con él?
-¿ël? no podemos soltarle. Todo saldrá como fue planeado. Él pagará por el suicidio de mi hija Ellie. más que por el robo del diamante.
- Gonsalvez colgó, recordando el tacto suave de la seda de su piel junto al mar, el barco esperando a su falso suicidio y la alegría de volver a verse tranquilos, después de tantos años.
Luego permaneció en el mismo lugar, esperando ver pasar a Jonhhny esposado delante de su puerta, mientras se fumaba un pitillo mentolado cerca de la ventana abierta, uno de esos pocos defectos, que ella le dijo que no perdiera.

25 jun 2020

El lapiceroo

Ha llegado el Lapiceroo, el lapicero del tiempooo, borrador de sueños, ideador de finales a medida, tragaldabas de insomnes despiertos, terror de los muertos...

Desatascamos y engrasamos ballestas, no se lo piense señora...

Afilamos hachas, enderezamos arcos, retocamos y boicoteamos cuerdas al vacío, reparamos teléfonos y máquinas del tiempo, rehabilitamos cromos, encuadernamos y adiestramos libros benditos o malditos (de éstos últimos cobramos suplemento por mordida) y  milagros de santitos. 

Vendemos paraguas abrazadores, tiempos malditos, vermuts al atardecer con amigos inventados que se desintegran al ocaso, navíos naufragados, esclavos sonrientes sin mordazas ni dientes, dulces amadas y nabos derrapados. 

Busque nuestros chollos  y ofertas exclusivas en la red...

Precios populareeess


9 jun 2020

Soledad

Mi Balcón. Es una terraza. La ciudad a mis pies. Donde crecen flores de primavera.
Bajo un sol que intenta quemarlas.
Y un par de mariposas blancas.
Llevan un par de días intentando alojarse en mi nuevo hotel de insectos.
Están sentadas encima de su tejadillo
Sin saber cómo se llega.
Buscando refugio con las antenas.
Mientras aparece la tormenta.
Sus alas perecen.
Sin darse cuenta siquiera
Dónde están.

4 may 2020

Alas de Hierro 4



"La gran Taberna llamada "Gran Mesón" y la Liga de pescadores"

Al lado del tercer castillo viejo, el único que mantenía su fortaleza de cañones en pie, quedaba una mina milenaria, una letanía oxidada que traía recuerdos recientes de baños romanos en balnearios de pudientes, de comercios, casas construidas con piedras o maderas de viejas barcazas fenicias y Titánicos estucos  Mediterráneos arribadas tras las tormentas de la mar.
Donde la flor y nata de cada era, se escondía detrás de cada casa, de cada esquina en sombra de aquella regia escombrera.

Generaciones de monjes guerreros, oasis apartado de ojos púnicos, caladero de combatientes, brebaje en la "antigua Convalecencia" de convalecientes, bahía escondida de aguas profundas donde regalaban presencias discretas los Segundos de a bordo, ministros en barbecho y el intercambio de patentes de corso, ganadas o perdidas a las "naipes heridas", modo murciero dónde era fácil meter el dos de bastos par sacar el as de oros.

En este Gran Mesón u hornada, recalaba lo mejor de cada casa: huídos de palacio o paredón, a tal o cuál, al fin y al cabo lo mismo son.
Entre tantas idas y venidas de tantas gentes , la organización del sitio se permutaba entre los asistentes de los ausentes, ligas de marineros, mineros y vecinos que tomaban decisiones entre juntas de carros, Correos postales, mesoneros, ultramarinos y asistentes.

Los horarios eran regulados por la campana de la iglesia Santiago Apóstol, coronada por una esfera inmensa de hierro, cuyos tañidos de cobre regulaba la cronología de los vecinos.
Dónde las ovejas merinas pastaban a la vista de los comerciantes, vigilantes entre los pastos de monte y las rutas de las almadrabas.

26 abr 2020

Alas de hierro 3


Capítulo 3
"El pueblo minero"

No cerca de la capital, existía un lugar pequeño de gran pero desconocida memoria como todo pueblo marinero que va de la mar hasta la gloria, era otro más de los capítulos ausentes de la Historia.

En él había una calle mayor, con su botica y tienda de ultramarinos, con sus jalonadas puertas de envergadura, su estructura de madera pegada a la pared que llegaba hasta el techo,  tras el mostrador se veía tamaña hazaña de ebanistería, lleno de cajones, estaño y ventanucos, donde objetos ya antiguos recibían olvidados su ausente sepultura entre tarros vidriados y redes de cuentas pendientes o viejas judicaturas.
Registros marineros en cuyos nudos encordados, se escribían como en un pentagrama las aburridas historias de singladuras, los aires de puerto y garra y cómo no, de los amores entre mamelucos y sirenas de sal, donde aún queda registro de sus huellas en los cabellos rizados de los descendientes de aquéllos marinos ausentes pero no olvidados.

Beatriz alumna, amiga y observante en prácticas de los Monerri, que le iban a introducir en las tradicionales costumbres navieras, pues su fortuna tuvo su origen por la pericia de sus construcciones, recibió una lección en su vida que jamás iría a olvidar: "Tempus fugit", rezaba el reloj de sol dónde añadía en latín: "todas las horas hieren, la última mata".

No hay dos sin tres, ni lección de vino "cristiano" que no esté en parte aguado.

Los mares con sus brillos de hojalata en la espumas,  prometían futuras vertientes de Occidentes para sordos e invidentes, lecciones de vida futuras, otrora aquí otrora ausentes.
Las vidas pendientes, de almas perdidas, de dementes, de locos y videntes, de inmensas fortunas imprudentes, de pingüinos, de focas sirenas y lenguas de lava recientes.

La vida, era aquí, un recuerdo de sal, entre capas coloreadas entre un sustrato monumental.

Beatriz, ausente descubre un hecho, una capa oscura, de una tierra lejana, una copa de aval, un cantar que escuchó a un viajero no más de una semana.

Le preguntó sobre las Musas, como quién pregunta a un ermitaño por las suertes de su viaje, a lo que él contestó con diferentes voces ora broncas, ora aflautadas:

"Erato, en pie
iniciando un paso de danza
tocando la lira
También coronada con las flores de Venus
portando un bordón y la cítara
Porque el amor del Saber produjo las Ciencias
y así Apolonio la invoca para cantar amores;
la fingían tocando con el plectro y dedos
el salterio de nueve cuerdas,
que era largo y diferente
Ante Memoria, el cuerpo de Polimnia
envuelta en su manto, actitud meditabunda
apoya un pie sobre una roca
le recuerda empezase a cantar
cosas superiores a su esfera,
susurra a la oreja de Apolo
el soberbio, recordándole,
ahora ya, trayéndole a la memoria
que era pastor nada más
así se acordase de su estado;
y dijo a sus lejanos oídos
conjurado contra Zeus
convertido tan solo
en simple rutina mortal"

Ella impaciente, le espetó algo dellas. Pues no le había dicho cosa ninguna.
A lo que el viajero, requerido, acostumbrado a divagar, preguntó:
- "¿Qué soñaste?
-" Cuanto más cerca he estado del placer
más lejos me he sentido de la muerte y su universo gélido
Tanta luminosidad lunar que me tiendo, cuerpo, a sus orillas." - susurró Beatriz. 

El viejo, divertido, empezó entonces a entonar una antigua cancioncilla griega:

"... Y dijeron las musas
(recuerdo difuminándose en mi oído sus palabras templadas, sus vestidos ligeros y los cabellos al viento):

“¡Pastores!, que pasáis la vida en los campos al aire libre, ¡sois el oprobio de los pueblos, pues no sois más que vientre! Nosotras en cambio, sabemos cantar mil verosímiles ficciones y también, cuando nos viene el deseo, ensalzar la verdad”

... al menos éso decían las Musas
ligeras de vísceras, entonces ve, camina hacia allá dónde te reclamen los pies del corazón buscando su surco azul aguamarino""

Beatriz entonces volvió corriendo a la casa. 
Se acordó ahora, pues también los primeros truenos de las lluvias de verano, empezaron a sonar. 
Mientras pálida de la impresión cerraba los viejos portones de la casa, las palabras del viajero ululaban aún en su cabeza, presagiando, tal vez, nuevas vías de su destino. 


15 abr 2020

Microcuentos


Reía, bebía y hacía el amor como un plebeyo.

Un hortelano sin más horizonte,
que el sol y la visión infinita de los campos.

Por eso era un rey.