17 feb 2017



"... Y asi es
como, gracias a este sabio consejo,
pudimos sobrevivir al fin de la Humanidad"


siempre llegue tarde a los consejos finales
de los grandes expertos
que murieron antes que yo


y aquí,
floreando sigo

bajo mi volcán acuático
entre la paciencia infinita
de miles de otroras vidas
pausaba, sin prisa
bajo la superficie agitada

Descubro cada día
anémonas nuevas
viejos pobladores
ardientes, salvajes
de vivos colores

jardines atlántides
y otros desconocidos
supervivientes

Arena, piedra y agua salada
mucho mar de veteados grises

Profundo ruidos sordos
de la música azul del fondo
golpeando rítmicamente
los oídos
tatan tan
tatan tan tan
provocaba mi curiosidad
acercándome al fondo

Las piernas me trasladaban por el agua
deslizándome entre las rocas
sin sentir cansancio



13 feb 2017

Pandamia




Erato, en pie
iniciando un paso de danza
tocando la lira
También coronada con las flores de Venus
portando un bordón y la cítara
Porque el amor del Saber produjo las Ciencias
y así Apolonio la invoca para cantar amores;
la fingían tocando con el plectro y dedos
el salterio de nueve cuerdas,
que era largo y diferente

Ante Memoria, el cuerpo de Polimnia
envuelta en su manto, actitud meditabunda
apoya un pie sobre una roca
le recuerda empezase a cantar
cosas superiores a su esfera,
susurra a la oreja de Apolo
el soberbio, recordándole,
ahora ya, trayéndole a la memoria
que era pastor nada mas
así se acordase de su estado;
y dijo a sus lejanos oídos
conjurado contra Zeus
convertido tan solo
en simple rutina mortal


Cuanto más cerca he estado del placer
más lejos me he sentido de la muerte y su universo gélido
Tanta luminosidad lunar que se tiende, cuerpo, a tus orillas



Y dijeron las musas
(recuerdo difuminándose en mi oído sus palabras templadas
sus vestidos ligeros y los cabellos al viento)

“¡Pastores!, que pasáis la vida en los campos al aire libre, ¡sois el oprobio de los pueblos, pues no sois más que vientre! Nosotras en cambio, sabemos cantar mil verosímiles ficciones y también, cuando nos viene el deseo, ensalzar la verdad”

y eso decían las Musas
ligeras de vísceras

12 feb 2017

Anecdotarios de músicos y aliños varios


Vanitas vanitatum omnia vanitas
En la casa que ocupó el genial compositor L. V. Beethoven en Viena, se encuentra el piano en el cual compuso alguna de sus obras.

A mediados de los años 30 un joven pianista de Nueva York visitó la casa-museo. En seguida se sentó al piano y comenzó a recorrer las teclas
-Supongo que tendrán muchos visitantes aquí al día -, le dijo al vigilante del mismo.
-Oh! Si muchos.
-Muchas personas famosas, ¿no?.
-Si - respondió el guardián-. Ignace Paderewski estuvo aquí hace poco.
-Guau! Estoy seguro que tocaría algo en este piano.
- No- atajó el hombre-. No se consideró digno de tal honor.-

Mares de atar


Me gusta robar

el mar

me gusta secuestrar sus gotas
y dejarlas secar entre las rocas

me gusta congelar su sal
con mi saliva

y sin embargo soy hiel
hielo
y por nada
muero

y al que le guste plim

... y al que no, fuego

8 ene 2017

Misterios del alma transmutada




Me pasa
ora si
ora tambien

no lo elijo
sucede

mi alma se pega como un papel
a una esencia avainillada

lo malo

cuando me transmuto en silla
es que me toca esperar

y al levantar
ver caraculos por todas partes
en cada esquina
pensamientos de mierda

me aburren las esferas


luego pasa
se evapora como los efluvios del alcohol
de un perfume acartonado

como un actor cuando se devuelve a la vida
como un papel regurgitado
en un recuerdo soltado

Sspuarghh...
evolucionado

cuando vuelvo a ver a la mariposa amarilla
renqueando
por las esquinas
tarareada
intentando ser,
pobre,
con su penosa contraindicacion
la veo,
y me la vuelvo a comer

de nuevo vuelvo a brillar
en cada oscuridad
por donde sale la luna

en los mundos de penumbra
sin sombrillas
en los oscuros andenes
de los vaivenes

se cocinan

los cuervos
las nutrias
y las mariposillas







Tenia solo dos días de camino
Dos días que no recordaba nada, ni siquiera mi nombre

Fango, piedra y desierto
mucho desierto
el profundo silencio golpeaba los oídos


xxxx

Mis piernas me llevaban sobre la arena y roca sin sentir cansancio

Ascendí a la alta y dura duna que protegía de los vientos del este, contemplando como los restos de la luna sobrevolaban este imperio de arena, rocas y pedregales

Como un barco varado de retales destrozados remando a un viento. Y llegué así
A esa nada resplandeciente, brillante, infinita
Un sueño repentino, caída como una estrella sin memoria.

Tierra de arenas, polvo de montaña, testigo de tantas extinciones, luchas innecesarias, de la maldad gratuita de los seres o la inutilidad de la avaricia, carcasas vacías de humanidad llenas de cosas inútiles para llevar

Nadie reclamaría mi jirón de piel cubierto de anhelos

Pero el aire me insuflaba vida, en dos días mis brazos se acostumbraron a vadear corrientes secas, quizá hubiera elegido aquél rincón por pura eliminación, llanuras infinitas, montañas hirientes, ambicionando la justa medida de  lo inhóspito en su merecida libertad.

No sabia si tenia miedo. El miedo. Arrastra consigo más cadenas vacías, mientras los brazos fuertes de los hombres buenos desaparecen entre los muertos, Olvido, en cuyos bandos enemigos reina, borrando a su hermana Memoria

El mundo se había transformado en extraños acontecimientos de los que llegaban confusos rumores entre los esporádicos aires errantes, sutiles percepciones de luz reflejaban que algo estaba cambiando, y solo debía marchar hacia adelante. Hacia ninguna parte

Esa noche sentada allí mismo contemplando las estrellas, descubrí que había vuelto a empezar a reconocerlas, contemplándolas como faros que tantas veces guiaron los caminos de las aguas del mar o de las rutas salvajes de las arenas desde hacía mucho tiempo. Poco a poco volví a asimilar cientos de siglos pasados corriendo de nuevo por mis venas, como un sueño ausente de nuevo recobrado.

Descubriendo la certeza de lo inmediato

Limpio aire del desierto, eterna oscuridad de una tierra sin luz a cientos de kilómetros, tenía la impresión que las estrellas rozaban la arena, y me sorprendía alcanzarlas estirando un poco la mano, como si pudiera tocarlas realmente.
A la puerta del improvisado refugio me detenía unos instantes a escuchar ese silencio que tanto aprendí a amar en tan poco tiempo, tan denso que hacía daño, cada noche, a los oídos