19 feb. 2016

A barco desesperado, Dios le encuentra puerto



DE TRASTOS marinos Y TRASGOS profundos


Tan dura era la rabia que George Brown rompió su bastón y se dirigió a los restos de su miserable embarcación con indigno desprecio. Las jarcias aun estaban húmedas, no tendrían mas remedio que abandonar el bancal  arenoso en cuanto subiera la marea.

En la vida de cualquier joven normal, llega el momento en el que se siente un deseo irresistible de salir donde sea en busca de un “tesoro” escondido. Esa combinación de seres desesperados, islas remotas, grandes incursiones y tesoros, fue lo que la empujo a conquistar  las cartas marinas que recibió en herencia. Pensó en ese instante, que sin duda,  ese era un buen momento de dejarlo todo, carenar y echarse a la mar sin rumbo, esperando mejores vientos, pues como dice aquel refrán: “A barco desesperado, Dios le encuentra puerto”.

Se comprenderá ahora el por qué de la gran rivalidad entre Brown y Galeote, así como la irritación de esta última, porque la elección de la Club-Cup, eligiera solo a miembros de su antigua sociedad, a todas luces obsoletos, que vieron defraudadas sus pretensiones en su cómoda juventud, y ahora se disponían a robar un ultimo mérito, a ser posible ajeno, con el único fin de enriquecer sus medalleros.
Como nieta del Viejo Capitán, no tuvo dificultad en demostrar sus habilidades, para convencer a tan regio cementerio.

Serian alrededor de la una y media cuando los dos botes marcharon a tierra, antes que la violenta tormenta se les viniera encima unas horas antes y les alejara de la ruta oficial. Quizá fueran las seis y media de la tarde.
Se acercó a la destrozada barcaza de Brown y quedó impresionada  por como había quedado, era una embarcación mediana de fabricación casera, vistoso, atractivo e interesante, pero poco funcional. Estaba distribuido en tablas y palos, con un embarrotado de largueros de madera y recubrimiento de terciado marino, dominado por la hermosa imagen copiada de alguna vieja fotografía náutica, una especie de sirena vikinga, con el cabello de la mujer rozando el suelo del arenal.

- Por favor podría decirme...
- No hables si no te preguntan. le interrumpió bruscamente el viejo y embotado comandante.
- Bueno, señor, si todo el mundo siguiera esa regla, y si una hablara solo si le preguntaran, y el otro esperase a que hablara la primera, nadie diría nunca nada, así que...
- RIDICULO, ¿NO VES QUE SOY UN SUPERIOR?, para ello, entérate bien, se requiere pasar la graduación correspondiente, estas crías insolentes...

El capitán, furioso de ira, presa de un ligero estremecimiento, observo como Galeote, rodeada pausadamente la chalupa, cogiendo el ayuste y desenterrando un viejo cuadrante doble que parecía haber salido ileso.

-Por ejemplo niña, yo me encuentro muy a gusto sentado en esta piedra, delante de mi hermoso barco, de estos libros y amarres, de mi viejo astrolabio, son objetos “familiares” que me acompañan, por eso son tanto mas instrumentos cuanto mas familiares. Pero es claro que si este barco, estas librerías andantes de almas errantes, mi astrolabio fueran de otra Existencia, el presentimiento de la Nada de esta ultima enturbiaría este sentimiento de confort. Pero ¿acaso soy amigo de estos libros, de esta vieja embarcación que me hace vivir? Solo en sentido analógico.-

Galeote descubrió que a este viejo cascarrabias se le había ido definitivamente la chaveta, y todo lo tendría que resolver sola  en mitad de la nada.

Se quedo pensativa durante mucho tiempo, de pie. Su nuevo Prahu, típico de la isla de las especias que  visitaba alguna vez, ahora le parecen mil años, en el sureste asiático, había aguantado la embestida a duras penas. Las historias grabadas en estos muros de mar parecían envolverla., arrasarla a otro mundo primitivo y misterioso. Entre la línea del mar y el cielo solo había un mismo color y forma, un color que parecía traspasar a su sangre a través de una corriente submarina, mientras estaba de pie en la playa, suspendida ante ese espacio. Y entonces escuchó el sonido.

La portezuela de aquella embarcación  se abrió de golpe y el sargento John Drudge saltó del desvencijado habitáculo interior abalanzándose sobre la pistola que descansaba en la arena, en la que Galeote apenas había reparado, pero se detuvo al distinguir la silueta del teniente Brown recortándose contra la luminosidad violenta del exterior,  mientras las suave figura de la joven que apenas era perceptible unos pasos mas atrás, unas luces le deslumbraban, aquellos cielos oscuros se habían disipado tras la tormenta.

Solo tenia 19 años, dos días para llegar a meta, una pistola apuntando a su cabeza y un viejo sollozando a los pies. Esta claro que ahora se alegraba de tener pinchándole el costillar ese viejo pasador de cabos, que se habría enganchado en la tormenta bajo el chaleco, y que sin embargo lo sentía sujeto con un sencillo ballestrinque del que  tan solo habría de tirar con un ligerísimo gesto.

Solo tenia 19 años, si, pero su nombre era Tereixa Galeote, tátara tataranieta de Isabel Barreto. La primera almiranta de la Historia, a las ordenes de  Felipe II cuyo nombre nadie recuerda, y sin embargo, ella estaba dispuesta a hacerlo rememorar, a la fuerza si fuere, pues todos saben que un hombre es revivido cuando su nombre es recordado. Pero muy pocos se acuerdan dellas. Sin embargo, en el olvido, nadie recuerda a las 30 primeras que se fueron, pero no volvieron. Pioneras,  engullidas por el olvido, cuyas cartas aun conservaba el la vieja biblioteca de la familia, recuperadas bajo el antiguo muro de la chimenea, amarillentas, bellas y que ahora, tajo parejo, si salía con vida, tendría una única oportunidad de revelar, y que mejor momento que tras una meta para su nieta. Una única medalla que recuerde anteriores batallas.

Y piensa: "Respira hondo, que la sangre hierva. Tira del ballestrinque y reza.
Señor, matadme o hacedme matar… porque si me dejáis, d'estos dos, responderé yo con este mismo pasador...”
Ahora!






La brazalera, como esta de plata, ágata y castaña de Indias del XVIII, tenía una misión protectora. Se colocaba bajo la manga / MUSEO DEL TRAJE


10 feb. 2016

Besos sulfatados de la mala Koala



Besos sulfatados
cargados
Besos ahumados
polinizados
desnatados
envenenados

Besos húmedos

Si no has besado
sin aliento
prepárate a morir

Porque
Morir a besos
no es morir
Es vivir en un instante
lo que una vida entera
no se atrevió a decir.


Almita's Brother's Jazz Club Band

1 feb. 2016

No name

Soy la ciudad sin nombre
la puta avariciosa
la judía perniciosa
la loca
la enferma
la sana
la cuerda
la única que ve
y te hinca
su diente
de vieja

aun así
hermosa
dolida
desagradecida
soy

tu

V
i
d
a


Byron`s food



En su fondo mi alma lleva un tierno secreto
solitario y perdido, que yace reposado;
mas a veces, mi pecho al tuyo respondiendo,
como antes vibra y tiembla de amor, desesperado.

Ardiendo en lenta llama, eterna pero oculta,
hay en su centro a modo de fúnebre velón,
pero su luz parece no haber brillado nunca:
ni alumbra ni combate mi negra situación.

¡No me olvides!... Si un día pasaras por mi tumba,
tu pensamiento un punto reclina en mí, perdido...
La pena que mi pecho no arrostrara, la única,
es pensar que en el tuyo pudiera hallar olvido.

escucha, locas, tímidas, mis últimas palabras-
la virtud a los muertos no niega ese favor-;
dame... cuanto pedí. Dedícame una lágrima,
¡la sola recompensa en pago de tu amor!...


Olvido dormido
-Mr Byron